Persecución a cristianos
El Gobierno de Nigeria acusa a EEUU de un «juego orquestado» mientras crece la indignación por su inacción ante las matanzas de cristianos
El Gobierno de Nigeria acusa a EEUU de un «juego orquestado» mientras crece la indignación por su inacción ante las matanzas de cristianos
El presidente de Nigeria, Bola Tinubu. Europa Press.
Por LGI
2 de noviembre de 2025

El Gobierno de Nigeria ha reaccionado con irritación a las declaraciones del expresidente estadounidense Donald Trump, quien advirtió que podría intervenir militarmente si Abuja sigue tolerando los ataques contra los cristianos nigerianos. En lugar de reconocer el fracaso de sus políticas de seguridad, el Ejecutivo de Bola Tinubu ha acusado a Washington de estar detrás de un «juego orquestado» para desprestigiar al país.

En un comunicado difundido en la red social X, el portavoz presidencial Bayo Onanuga sostuvo que Tinubu «se anticipó» a la supuesta maniobra estadounidense al ordenar a los mandos militares «basta de excusas» y exigir resultados. Sin embargo, los hechos desmienten el triunfalismo oficial: los asesinatos de campesinos, sacerdotes y familias enteras a manos de milicias islamistas y pastores fulani se multiplican sin que el Gobierno logre detener la expansión del terror.

Expertos citados por Daily Trust sospechan que el tono desafiante de Abuja responde más a una reacción política que a una estrategia real. Nigeria ha sido acusada por múltiples ONG —entre ellas Open Doors y Christian Solidarity International— de minimizar deliberadamente la persecución religiosa y de negar la dimensión cristianófoba de los ataques, pese a que el país encabeza desde hace años la lista mundial de asesinatos por motivos de fe.

Otro portavoz, Daniel Bwala, trató de restar tensión al conflicto diplomático al adelantar un posible encuentro entre Trump y Tinubu «para resolver malentendidos». También recordó que el expresidente estadounidense autorizó la venta de armamento a Nigeria para luchar contra Boko Haram, aunque esa ayuda no ha impedido el avance de los grupos yihadistas ni el colapso de la seguridad en el norte del país.

La acusación de un «juego orquestado» revela el creciente aislamiento del Gobierno nigeriano frente a las críticas internacionales. Mientras Tinubu se defiende con discursos nacionalistas, el país sigue siendo el epicentro de la violencia islamista en África, con aldeas cristianas arrasadas cada mes y un Ejército incapaz o poco dispuesto a actuar.

Lejos de ser una campaña extranjera, la indignación que crece dentro y fuera de Nigeria responde a una realidad incontestable: miles de cristianos asesinados, templos incendiados y comunidades desplazadas ante la indiferencia del poder político.

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