«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
Rearme atómico en la sombra

El régimen chino desarrolla en secreto en Lop Nur su laboratorio nuclear y pone en alerta a Washington y Europa

Fábrica de cloruro de potasio en Lop Nur, China, vista desde el satélite Hodoyoshi-1.

En el extremo noroccidental de China, en una remota zona desértica conocida como Lop Nur, el Gobierno de Pekín realizó ensayos nucleares ocultos, según denuncias formuladas por Estados Unidos. Las sospechas, que se remontan al 22 de junio de 2020, resurgen ahora tras la expiración en febrero del tratado New START entre Washington y Moscú, el último gran acuerdo destinado a limitar el armamento nuclear estratégico.

Lop Nur, un antiguo lago salado convertido en paraje inhóspito y aislado, se ha ganado entre expertos en defensa la comparación con el Área 51 estadounidense por el hermetismo que rodea sus instalaciones. Allí se realizaron las primeras pruebas nucleares chinas en 1967 y, de acuerdo con análisis posteriores basados en imágenes satelitales, en los últimos años se habría producido una notable intensificación de obras.

Las estimaciones oficiales estadounidenses sostienen que China pretende multiplicar de forma sustancial su capacidad atómica, pasando de unas 600 cabezas nucleares a 1.500 en 2035. De confirmarse esa proyección, sería el único país adscrito al régimen internacional de no proliferación que incrementa de manera significativa su arsenal.

El debate sobre Lop Nur cobró fuerza en 2020, cuando informes del Departamento de Estado alertaron de posibles actividades relacionadas con pruebas explosivas. Un año después, el experto en inteligencia geoespacial Renny Babiarz documentó ampliaciones considerables en la zona: perforaciones de gran tamaño, estructuras subterráneas y múltiples galerías excavadas en laderas montañosas. Estas entradas, conocidas como adits, permiten el acceso a cámaras bajo tierra donde podrían ejecutarse detonaciones experimentales.

En un informe remitido en 2021 al Departamento de Estado, Babiarz señaló que el conjunto de indicios apuntaba a una eventual preparación para futuras pruebas nucleares, lo que supondría una nueva etapa en la modernización del arsenal chino. El propio analista advirtió entonces, no obstante, de la necesidad de continuar la investigación para obtener conclusiones definitivas.

A comienzos de este mes, apenas un día después de la caducidad del New START, responsables estadounidenses revelaron que creían que el 22 de junio de 2020 se había producido una explosión nuclear. La base de esa sospecha fue una actividad sísmica detectada en Kazajistán, país vecino. Según Washington, el Ejército chino se habría preparado para realizar pruebas adicionales con rendimientos «supercríticos» de cientos de toneladas, ocultando de forma deliberada dichas operaciones.

El Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS), un laboratorio de ideas con sede en Estados Unidos, ha examinado imágenes satelitales del área oriental de túneles de Lop Nur. Sin embargo, sus conclusiones no han resultado determinantes, al no apreciarse cambios evidentes antes y después de la fecha señalada. Los expertos contemplan la posibilidad de que la prueba se realizara en otro sector que no se ha estudiado o que se aplicara la técnica denominada «decoupling», consistente en detonar el artefacto bajo tierra de manera que las ondas sísmicas queden amortiguadas y dificulten su detección.

La verificación de lo ocurrido en junio de 2020 podría tener implicaciones de alcance. Una prueba confirmada abriría el debate sobre un posible incumplimiento del Tratado de Prohibición Completa de los Ensayos Nucleares, que China firmó pero nunca ha ratificado. Esa falta de confirmación permite a Pekín mantener una posición ambigua: compromiso formal en el ámbito internacional, pero sin vinculación jurídica plena en el plano interno.

El contexto geopolítico añade tensión al escenario. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha planteado la conveniencia de reanudar los ensayos nucleares estadounidenses, suspendidos desde 1992, y ha insistido en que cualquier nuevo acuerdo estratégico con Rusia debería incluir a China. La ampliación del arsenal chino complica esa ecuación y obliga a Washington a repartir recursos frente a varios focos simultáneos.

Más allá de Lop Nur, imágenes satelitales han detectado un incremento de infraestructuras en otros emplazamientos opacos situados en la provincia de Sichuan, al suroeste del país. En enclaves como Zitong y Pingtong, separados por apenas 70 millas, se han observado búnkeres y edificaciones que sugieren capacidad vinculada a la producción nuclear.

Analistas occidentales advierten de que la combinación de ambiciones nucleares en China, Rusia, Corea del Norte e Irán puede tensionar la estrategia estadounidense, con el riesgo de que la cobertura disuasoria sobre Europa pierda solidez si Washington debe concentrarse en el Indo-Pacífico.

Pekín ha rechazado las acusaciones y sostiene que mantiene una política de no ser el primero en utilizar armas nucleares. No obstante, fuentes citadas por medios británicos aseguran que el Gobierno chino rehúsa abordar diplomáticamente estas sospechas. Ya en 2020, durante un intercambio entre el entonces subsecretario estadounidense para el control de armas, Christopher A. Ford, y el entonces embajador chino ante la Unión Europea, Fu Cong, el diplomático asiático no negó la ampliación del arsenal, aunque aseguró que no sería «en gran medida», atribuyendo el movimiento a lo que calificó como mayores amenazas procedentes de Estados Unidos.

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