La violencia protagonizada por las organizaciones yihadistas en Malí, Burkina Faso y Níger avanza hacia cifras sin precedentes. Si se mantiene el ritmo registrado durante los primeros nueve meses del año, el Sahel central podría cerrar 2026 con más de 3.000 incidentes violentos, superando ampliamente los registros de la última década.
Los datos recopilados por Armed Conflict Location & Event Data (ACLED) reflejan ya 2.145 incidentes durante 2026, cuando todavía no ha terminado el tercer trimestre. La tendencia supone un salto especialmente significativo respecto a hace una década: en 2016 se contabilizaron apenas 63 episodios relacionados con organizaciones vinculadas a Al Qaeda o Estado Islámico en los tres países, mientras que en 2025 la cifra alcanzó los 2.845.
Detrás de esta expansión se encuentran principalmente Jama’at Nusrat al-Islam wal-Muslimin (JNIM), la franquicia de Al Qaeda que opera en África occidental, y la Provincia del Estado Islámico en el Sahel (ISSP). ACLED considera que ambas organizaciones representan actualmente una grave amenaza para la autoridad estatal en la región y han aumentado su capacidad para lanzar ofensivas contra fuerzas militares, poblaciones e infraestructuras estratégicas.
Al Qaeda multiplica sus ofensivas en Burkina Faso
El JNIM se ha convertido en uno de los principales motores de la violencia. Una ofensiva desarrollada en febrero incluyó más de 30 ataques en Burkina Faso, con más de 120 muertos entre militares, guardabosques y miembros de los Voluntarios para la Defensa de la Patria.
La organización ha demostrado además una capacidad creciente para ejecutar operaciones de gran escala. ACLED ha documentado durante los últimos meses ataques contra convoyes, posiciones militares y núcleos urbanos, así como bloqueos de carreteras y rutas comerciales destinados a debilitar la presencia del Estado y estrangular económicamente determinadas regiones.
El fenómeno no es nuevo, pero sí está adquiriendo nuevas dimensiones. El Índice Global de Terrorismo 2026 sitúa a Burkina Faso como el segundo país más afectado por el terrorismo del mundo. En 2025 registró 846 muertos en atentados, pese a que esa cifra supuso un descenso frente al ejercicio anterior. Más del 80% de los ataques terroristas contabilizados en el país durante aquel año fueron atribuidos al JNIM.
Níger, otro de los grandes focos
En Níger, la región occidental de Tillabéri, próxima a las fronteras con Malí y Burkina Faso, continúa siendo uno de los principales escenarios de la ofensiva yihadista. La zona de la triple frontera ofrece a los grupos armados un territorio especialmente favorable para desplazarse entre países, refugiarse y aprovechar la limitada presencia de las administraciones estatales.
El Estado Islámico en el Sahel mantiene una fuerte presencia en Níger, aunque el JNIM también ha incrementado sus operaciones. ACLED ha registrado además ataques contra infraestructuras estratégicas, incluidos sabotajes relacionados con el oleoducto entre Níger y Benín y operaciones contra instalaciones militares y aeroportuarias.
El Índice Global de Terrorismo señala precisamente las zonas fronterizas como uno de los grandes puntos débiles de la lucha contra el terrorismo contemporáneo: el 64% de los ataques registrados en todo el mundo durante 2025 tuvo lugar a menos de 100 kilómetros de una frontera internacional.
El epicentro del terrorismo se desplaza hacia África
La escalada del Sahel contrasta con la evolución global. El Índice Global de Terrorismo 2026 contabilizó 5.582 muertos y 2.944 atentados durante 2025 en todo el mundo, reducciones del 28% y el 22%, respectivamente.
Pero esa mejora general esconde un cambio geográfico profundo. África subsahariana se ha consolidado durante la última década como uno de los principales epicentros del terrorismo mundial, y seis de los diez países más afectados se encuentran actualmente en esa región.
Desde 2017, el centro de gravedad del terrorismo se ha desplazado progresivamente desde Oriente Próximo y el norte de África hacia el África subsahariana. Mientras las muertes vinculadas al terrorismo en Oriente Próximo y el Magreb cayeron alrededor de un 93% entre 2017 y 2025, en el África subsahariana aumentaron un 17%.
Burkina Faso, Níger y Malí continúan entre los países más golpeados, pese a las operaciones militares y los cambios de Gobierno producidos en los últimos años.
La amenaza se extiende hacia el sur
Uno de los principales riesgos es que la insurgencia deje de concentrarse en el Sahel central. Los grupos yihadistas están aumentando su actividad en los territorios limítrofes con Benín, Togo y otros países del Golfo de Guinea, utilizando áreas fronterizas, parques naturales y corredores comerciales para ampliar sus operaciones.
ACLED advierte de que la presión de las organizaciones armadas sobre los Estados costeros de África occidental constituye un riesgo creciente. Al mismo tiempo, el JNIM y Estado Islámico están incorporando nuevas herramientas a sus operaciones, incluido el uso de drones para reconocimiento, propaganda y ataques. ACLED contabilizó alrededor de 80 ataques con drones del JNIM durante 2025, frente a menos de una decena un año antes.
El resultado es una insurgencia cada vez más difícil de contener dentro de las fronteras nacionales. Malí, Burkina Faso y Níger forman ya un corredor de violencia yihadista cuya expansión amenaza con alcanzar de manera creciente a los países situados al sur del Sahel.
Si continúa el ritmo de 2026, la región podría terminar el año superando por primera vez los 3.000 incidentes violentos, otro récord en una crisis de seguridad que no ha dejado de expandirse durante la última década.