«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
Hughes, de formación no periodística, es economista y funcionario de carrera. Se incorporó a la profesión en La Gaceta y luego, durante una década, en el diario ABC donde ejerció de columnista y cronista deportivo y parlamentario y donde también llevó el blog 'Columnas sin fuste'. En 2022 publicó 'Dicho esto' (Ed. Monóculo), una compilación de sus columnas.

El escenario está preparado

16 de septiembre de 2026

La instrucción ministerial de la hermana de Puente, una manera de entender la ley de nietos, tiene pinta de ser uno de esos objetos jurídicos monstruosos que prosperan en España. En tiempos recientes, la Ley de Violencia de Género y la Ley de Amnistía, leyes que la «institucionalidad» (un término recientemente usado por Borja Sémper) asumió rechistando poco y en algún caso nada.

Esta instrucción que expande la famosa disposición adicional octava de la Ley de Memoria Democrática no se hace para nada. No se emite por nada. Y desde luego, no cae en la nada.

La instrucción, al manipular su sentido, da un burdo salto lógico. Lo que persigue no está en la ley y no hay modo de verlo así sin violentarla.

Sin embargo, no es descabellado pensar que el gobierno, si ha llegado hasta ahí, sea para seguir.

Al fondo o al final está el Constitucional y Conde Pumpido, con su cara de hombre que de tanto acariciar al gato ha acabado él mismo pareciendo el gato de una condesa. Para quienes ya se comieron la Ley de Amnistía y la desigualdad de la viogen, no sería mucho problema tirar por la calle de en medio con la ley de nietos.

La pregunta es conocida y a fuerza de repetida acabó siendo retórica: ¿quién lo impedirá? ¿la ‘institucionalidad’?

Porque la instrucción de la sorella de Puente no es una aberración en un brillante salón de mármoles blancos donde refulge la razón, es un chafarrinón a conciencia en un marco legal e institucional siniestro y oscuro. Porque está esperando el TC, instancia suprema o constituyente de estranjis que hace y deshace; y porque lo que se malinterpreta es la terrible Ley de Memoria Democrática, perversa de arriba a abajo, también, y mucho, en la nacionalización aprobada. Extiende un ius sanguinis a descendientes, sin contacto alguno con España, de quienes pudieran «haber perdido o renunciado» a la nacionalidad. ¿Por qué?

Situémonos: estamos ante una instrucción que distorsiona una ley que tiene su origen en una visión maniquea, antihistórica, falsa y sectaria del siglo XX español. No era una simple idea, no era un simbolismo sin más y no iba a dejar de producir efectos. Haber cedido el siglo XX regala el siglo XXI.

El PP se sumó o se adaptó a la cosmovisión del antifranquismo retrospectivo, participó solemne en la institucionalidad bolañesca, y ahora se van a poner estupendas con la instrucción, que para colmo tuvo que recurrir Vox.

La ley, su mismo origen intelectual y político, y el sistema judicial en el que se tiene que ventilar son en sí ya barbaridades, hitos más o menos golpistas, serios rupturismos cuando menos.

Si Sánchez no remata la faena será por amor al indie, porque en realidad, el terreno de juego ya se ha entregado. Se ha ido preparando, desde muy atrás, el decorado. Un pueblo del Lejano Oeste, su calle principal desierta, las puertas abiertas del saloon o cantina, donde alguien bebe de espaldas y el dueño (un señor con cara de gato) observa de reojo… ¿le va a entrar el escrúpulo ahora el forajido?

Para colmo, el PSOE ha ido trasteando en las instituciones de lo electoral: censos, correos… Y el entorno internacional, que ya se abre paso en la densa niebla mediática española, invita a la observación atenta. Lo vimos en EEUU y ya lo ha dejado caer la AfD en Alemania.

La división de la política actual desemboca, precisamente, o finalmente, en materia censal y electoral: de un lado, quienes quieren un censo estable, cerrado, físico, fehaciente, con voto presencial e identificación; de otro, quienes quieren abrirlo a la mayor volatilidad y fluidez, desde casa siendo casa cualquier sitio pues su votante, su nuevo votante, es la Humanidad.

El lunes noche, Vivas era entrevistado en El Hormiguero por Motos (algo en común: los dos tienen non grato a Abascal), Sánchez en El Intermedio. Dos caras del Grupo Planeta: bailes tontos con Trancas y Barrancas; vaselina y naftalina con Wyoming. Entre los entrevistados, que no eran otra cosa que la institucionalidad, diferencias puntuales, coincidencias de marco y una progresiva tranquilización o aceptación, lenta y festiva, de la nueva realidad: la humanitarización de Ceuta y la desnacionalización o, por qué no, renacionalización de España, que abre en el censo otra puerta más: Ceuta y Melilla, Canarias, costa mediterránea, aeropuerto y censo.

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