
Estudiantes universitarios iraníes se han sumado a las crecientes protestas contra el alto costo de la vida y la inflación, ampliando unas movilizaciones que comenzaron con reclamos económicos y que ahora incluyen cuestionamientos políticos contra el régimen de los Ayatolás, en un contexto de manifestaciones que, en un principio, habían sido protagonizadas principalmente por comerciantes.
Las manifestaciones, que se han extendido a varias ciudades del país, denuncian el encarecimiento de productos básicos y la caída del poder adquisitivo en medio de sanciones internacionales y una economía debilitada. De acuerdo con cifras oficiales difundidas por la agencia AFP los precios aumentaron en diciembre una media del 52% interanual.
En los campus de ciudades como Teherán e Ispahan, grupos numerosos de jóvenes han protagonizado marchas internas, coreando lemas que critican tanto la gestión económica del Gobierno como la falta de libertades civiles. Testimonios difundidos por medios y redes sociales señalan una fuerte presencia de fuerzas de seguridad dentro y en los alrededores de las universidades.
Las autoridades iraníes han respondido responsabilizando a «agitadores externos» de incentivar las protestas y han advertido que no tolerarán actos que consideren desestabilizadores. Sin embargo, organizaciones de derechos humanos acusan al gobierno de usar esa narrativa para justificar detenciones, restricciones a internet y uso excesivo de la fuerza contra manifestantes pacíficos.