MÁS DE MEDIO MILLÓN DE HECTÁREAS DE BOSQUE ESTÁN EN RIESGO
La cara oculta del coche eléctrico: deforestación masiva en los bosques tropicales de Indonesia por el níquel
La cara oculta del coche eléctrico: deforestación masiva en los bosques tropicales de Indonesia por el níquel
Mina de níquel en Indonesia. Garry Lotulung
Por Rebeca Crespo
21 de octubre de 2025

El gobierno de Indonesia y varias compañías mineras internacionales están llevando a cabo una expansión acelerada de la explotación de níquel en las islas de Sulawesi y Halmahera desde 2020, con el objetivo de abastecer la creciente demanda mundial de baterías para vehículos eléctricos, lo que ha provocado una deforestación masiva de selvas tropicales vírgenes y el desarrollo de parques industriales asociados.

La apuesta por vehículos eléctricos como alternativa «verde» a los coches de combustión tiene una cara poco visible: para mejorar la autonomía de las baterías muchos fabricantes recurren al níquel —añadido a las de ion-litio—, un metal cuya extracción en Indonesia ya está generando una tragedia ecológica en las selvas tropicales vírgenes. Según estudios recientes, la minería de níquel contribuye de forma significativa al aumento de la deforestación en Indonesia desde 2011.

Más de la mitad de la producción mundial de níquel procede de Indonesia, y gran parte de ella está situada en zonas de selva intacta de las islas de Sulawesi y Halmahera. Los yacimientos de laterita de níquel —más accesibles al estar más cerca de la superficie— suelen ubicarse entre 6 y 15 metros bajo el suelo, lo que facilita la minería a cielo abierto y comporta una rápida transformación del paisaje forestal.

Los permisos de explotación suelen otorgarse en zonas de selva secundaria o incluso de bosque primario sin perturbar, lo cual ocasiona que desaparezcan corredores ecológicos, se pierdan especies endémicas adaptadas a esos suelos ultramáficos y se liberen ingentes cantidades de dióxido de carbono almacenado en la biomasa. Además, las instalaciones de fundición y procesamiento se nutren de carbón en muchas ocasiones, lo que agrava la huella de carbono de todo el proceso extractivo.

Un reciente informe de la organización Mighty Earth documenta que sólo en 2023 más de 6.000 hectáreas de bosque asociadas a concesiones de níquel sufrieron alertas de pérdida forestal en Indonesia, y estima que más de medio millón de hectáreas adicionales están en riesgo inmediato.

La situación ha llevado a que en la isla de Kabaena (Sulawesi sudoriental) las comunidades indígenas bajau estén denunciando una caída abrupta de los ingresos por pesca y algas debido a la sedimentación y contaminación provocadas por la minería de níquel. Además, sus entornos forestales costeros han sido eliminados o alterados para permitir la llegada de maquinaria pesada y aguas residuales mineras.

Así, mientras se promocionan los vehículos eléctricos como la alternativa «eco» a los de combustión, el eslabón más abajo de la cadena —la extracción del níquel— puede estar destruyendo ecosistemas hasta ahora poco tocados por la actividad humana.

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