
El Gobierno irlandés ha anunciado nuevas rebajas fiscales sobre los combustibles y el aplazamiento de parte de la subida del impuesto al carbono en respuesta a las protestas de agricultores y transportistas por el encarecimiento del diésel y la gasolina. Las medidas incluyen una reducción adicional de 10 céntimos por litro y se enmarcan en un paquete de apoyo más amplio aprobado en Dublín tras varios días de bloqueos y movilizaciones en distintas zonas del país.
La tensión se ha concentrado en las últimas jornadas en la capital irlandesa y en varios corredores logísticos, donde tractores, camiones y otros vehículos han interrumpido el tráfico y el acceso a depósitos de combustible. Según las informaciones publicadas, los manifestantes rechazan el impacto de los precios energéticos y de la fiscalidad climática sobre la actividad agraria y el transporte profesional.
El Ejecutivo de Micheál Martin ha vinculado su decisión al fuerte aumento de los costes del combustible, provocado por la escalada del petróleo en los mercados internacionales. Además de la rebaja fiscal, el plan contempla retrasar la aplicación del impuesto al carbono y prolongar otras reducciones temporales ya puestas en marcha semanas antes.
La situación es de tal gravedad que el Gobierno de Irlanda puede enfrentarse a una votación de censura este martes en el Parlamento por la manera en que ha gestionado las protestas. Sinn Fein, el mayor partido de la oposición en la actualidad, pidió el voto de censura, aunque el Gobierno de coalición de Martin ha programado para antes una votación de respaldo que podría dejar sin efecto la moción de censura si se aprueba.
Las protestas comenzaron el pasado 7 de abril y han reunido a agricultores, camioneros, contratistas agrícolas y otros profesionales del transporte, que denuncian que la subida de costes pone en riesgo la viabilidad de sus negocios. El conflicto ha abierto un nuevo frente político en Irlanda, donde el Gobierno trata de contener el malestar social sin renunciar del todo a su agenda climática.