Afganistán afronta una crisis de hambre y desnutrición aguda sin precedentes que amenaza con poner en peligro la vida de millones de personas, especialmente niños y mujeres, en un contexto de pobreza extrema, reducción de la ayuda internacional y falta de recursos sanitarios. Según el Programa Mundial de Alimentos (PMA), 19 millones de personas, cerca del 40% de la población afgana, se enfrentarán a niveles de hambre aguda durante los próximos meses.
El director del PMA en Afganistán, John Aylieff, ha advertido de que la desnutrición aguda ha alcanzado niveles récord y ha alertado de que 5,3 millones de mujeres y niños necesitarán tratamiento durante el próximo año. La cifra supera en 1,3 millones la registrada en 2022, cuando la economía del país se encontraba al borde del colapso tras la retirada de las fuerzas internacionales y la llegada de los talibanes al poder.
La situación resulta especialmente grave entre los menores, cuyos organismos necesitan un mayor aporte nutricional durante su desarrollo. En el Instituto Indira Gandhi de Salud Infantil, el principal hospital pediátrico del país, las 20 camas disponibles para pacientes con desnutrición están ocupadas. En ocasiones, dos niños deben compartir una misma cama por falta de espacio.
La falta de recursos impide atender a una parte importante de los pacientes. Aylieff ha denunciado que los centros sanitarios se ven obligados a rechazar a seis de cada siete mujeres y niños con desnutrición aguda porque no disponen de alimentos terapéuticos suficientes para tratarlos.
«Eso es, en mi opinión, un escándalo internacional», ha afirmado el responsable del PMA, que ha lamentado la falta de respuesta de la comunidad internacional ante el sufrimiento de los menores afganos.
La retirada de la ayuda agrava el hambre
La pobreza constituye uno de los principales factores de la crisis. Millones de familias no pueden comprar alimentos nutritivos debido a la falta de ingresos y al encarecimiento de los productos básicos, cuyos precios han aumentado entre un 10% y un 30%, según Aylieff.
A esta situación se suman cuatro décadas de conflictos, los desastres naturales, las tensiones con Pakistán y el regreso forzoso de más de cinco millones de afganos procedentes de Irán y Pakistán desde 2023. La llegada de estas personas ha incrementado la presión sobre unos recursos ya limitados.
Familias incapaces de alimentar a sus hijos
La emergencia se refleja en los hospitales, donde los médicos alertan de que la capacidad de atención resulta insuficiente. El responsable del departamento de medicina interna del Instituto Indira Gandhi, Mohammad Arif Hassanzai, ha explicado que, con más recursos, podrían atender a entre 60 y 100 pacientes, frente a las 20 camas disponibles.
Los trabajadores humanitarios advierten de que los recortes impiden responder a las necesidades de la población. «La crisis humanitaria en Afganistán no se define tanto por lo que los trabajadores humanitarios pueden hacer, sino más bien por lo que no podemos hacer», concluyen.