
Durante años, el llamado birth tourism —viajar a Estados Unidos para dar a luz y obtener la ciudadanía automática del recién nacido— fue un fenómeno marginal. Hoy, según investigaciones recientes, las élites de China lo han convertido en una operación sistemática, con cientos de miles de nacimientos que habrían servido para fabricar ciudadanos estadounidenses sin vínculo real con el país y con plena elegibilidad política en el futuro.
Así lo documenta el periodista e investigador Peter Schweizer en su último libro, The Invisible Coup, donde detalla cómo empresarios y cuadros vinculados al Partido Comunista Chino han explotado una interpretación laxa de la Enmienda 14 de la Constitución de Estados Unidos para crear una generación de ciudadanos legales criados y formados en China.
Las estimaciones son contundentes. Aunque Washington no registra oficialmente el turismo de partos, estudios independientes calculan que al menos 36.000 mujeres extranjeras dieron a luz en EEUU en 2012 y regresaron a sus países. Autoridades chinas elevan la cifra a 50.000 al año sólo desde China, y académicos especializados sitúan el número cerca de los 100.000 nacimientos anuales. De confirmarse, entre 750.000 y 1,5 millones de ciudadanos estadounidenses de origen chino estarían creciendo hoy fuera del país.
Un foco clave es Saipán, territorio estadounidense en el Pacífico con entrada sin visado durante 45 días para ciudadanos chinos. Allí, más del 70% de los nacimientos corresponderían a padres chinos que aprovechan la normativa local para garantizar la ciudadanía de sus hijos.
La operación no es improvisada. Redes empresariales ofrecen paquetes completos que incluyen asesoría para eludir controles migratorios, alojamiento, atención médica y instrucciones para mentir en los visados. Empresas como You Win USA llegaron a cobrar entre 40.000 y 80.000 dólares por cliente. Su responsable fue condenada por fraude migratorio, pero la red —según las autoridades— sigue activa bajo otras marcas.
Aún más inquietante es el uso de vientres de alquiler en territorio estadounidense por funcionarios y empresarios vinculados al aparato del Estado chino. En uno de los casos investigados en California, 21 menores nacidos por gestación subrogada fueron hallados bajo la custodia de un dirigente conectado con organizaciones del Partido Comunista Chino, propietario de decenas de empresas y más de 100 millones de dólares en inmuebles.
El impacto político se proyecta a medio plazo. A partir de 2030, los primeros de estos ciudadanos alcanzarán la mayoría de edad y, como estadounidenses, podrán votar, residir y patrocinar la residencia de sus padres. Para Schweizer, se trata de una «generación manchuriana» creada bajo un cálculo frío: usar las reglas de Occidente contra Occidente.
La práctica se disparó durante la Administración Obama, cuando se instruyó a consulados a no denegar visados a mujeres que declararan viajar para dar a luz, dificultando además la persecución del fraude. Mientras tanto, Pekín no sólo toleró el fenómeno, sino que lo promocionó como negocio y ventaja estratégica.