
Taiwán ha iniciado este lunes cinco días de maniobras militares destinadas a ensayar la respuesta de la isla ante una posible invasión china, en un momento de creciente tensión con el régimen comunista de Pekín. El Ministerio de Defensa taiwanés ha ordenado el despliegue de unidades de combate en posiciones defensivas repartidas por todo el territorio para poner a prueba la «capacidad de combate» de sus Fuerzas Armadas.
Los ejercicios incluirán tácticas de respuesta rápida, movimientos de tropas, coordinación entre unidades, operaciones logísticas y despliegues militares ante un eventual ataque enemigo.
La isla se prepara así para uno de los escenarios más peligrosos de la geopolítica internacional: una ofensiva de China destinada a someter por la fuerza a Taiwán, territorio democrático que Pekín considera una provincia rebelde.
En Taoyuan, una de las principales ciudades del norte de la isla, el Ejército ha desplegado vehículos blindados y unidades de comunicación militar. Las tropas simularán durante toda la semana la respuesta a una «invasión enemiga», según la agencia taiwanesa CNA.
El objetivo declarado es reforzar el mando y el control, mejorar la coordinación entre las distintas ramas de las Fuerzas Armadas y comprobar que las unidades puedan reaccionar con rapidez si se produce un ataque.
La preparación también abarca la capacidad para mantener las comunicaciones, movilizar recursos y sostener la defensa de la isla en caso de que las infraestructuras sean atacadas.
Taiwán quiere comprobar si su Ejército sería capaz de resistir durante las primeras horas de una ofensiva, cuando la rapidez de reacción resultaría decisiva para evitar el colapso de sus defensas.
Las maniobras se desarrollan mientras Pekín intensifica su presión militar y política sobre Taiwán. El régimen chino sostiene que la isla forma parte de su territorio y ha advertido reiteradamente de que no tolerará ninguna declaración formal de independencia.
China tampoco ha descartado el uso de la fuerza para lograr la denominada «reunificación», término utilizado por el Partido Comunista para justificar la incorporación de Taiwán a su soberanía. La amenaza ha obligado a las autoridades taiwanesas a aumentar su preparación militar y a adaptar su estrategia defensiva ante una posible operación anfibia, ataques aéreos o un bloqueo naval.
El estrecho de Taiwán se ha convertido en uno de los principales focos de tensión del planeta. Cualquier ofensiva podría arrastrar a Estados Unidos y a sus aliados regionales a una crisis de consecuencias imprevisibles.
La separación entre China y Taiwán se remonta a 1949, cuando las fuerzas nacionalistas del Kuomintang fueron derrotadas por el Partido Comunista en la guerra civil china y se refugiaron en la isla.
Desde entonces, Taiwán ha desarrollado un sistema político democrático y mantiene sus propias instituciones, Fuerzas Armadas, moneda y política exterior, aunque su reconocimiento internacional está limitado por la presión diplomática de Pekín.
El Partido Comunista chino, sin embargo, nunca ha renunciado a incorporar la isla a su territorio.