
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, aseguró el miércoles 11 de marzo que Irán se encuentra cerca de la derrota militar, mientras el régimen de Teherán advirtió de que está dispuesto a prolongar el conflicto contra Estados Unidos e Israel incluso si ello termina por «destruir» la economía global. Las declaraciones contrapuestas llegan en pleno aumento de la tensión en el estratégico Estrecho de Ormuz, donde los ataques con misiles y drones han alterado el tráfico marítimo y sacudido los mercados energéticos.
La vía marítima, por la que circula aproximadamente una quinta parte del petróleo mundial, se ha convertido en uno de los principales escenarios del conflicto. Los ataques iraníes contra buques y rutas comerciales han reducido el tránsito de petroleros y han generado una fuerte volatilidad en los mercados internacionales.
El precio del crudo comenzó a subir con fuerza el pasado 28 de febrero, cuando Estados Unidos e Israel lanzaron ataques aéreos contra Irán que provocaron la muerte del líder supremo del régimen. Desde entonces, Teherán ha respondido con acciones contra infraestructuras regionales y contra el tráfico marítimo en el Golfo Pérsico.
En declaraciones a la prensa, el presidente estadounidense sostuvo que la capacidad militar iraní ha quedado gravemente dañada. «Irán está prácticamente al final del camino», afirmó Trump. Según explicó, la armada y la fuerza aérea iraníes han sido destruidas y el régimen estaría a punto de quedarse sin misiles.
«Eso no significa que vayamos a terminarlo inmediatamente, pero lo harán», añadió el presidente estadounidense. Trump también aseguró que las fuerzas de Estados Unidos podrían desactivar el suministro eléctrico de Irán «en una hora» si Washington decidiera hacerlo.
El presidente confirmó además que Estados Unidos ha atacado 28 buques minadores iraníes durante las operaciones en el Golfo. Paralelamente, autorizó la liberación de 172 millones de barriles de las reservas estratégicas estadounidenses con el objetivo de contener el impacto del conflicto en los mercados energéticos.
Pese al tono de advertencia militar, Trump señaló que preferiría evitar decisiones que dificulten la entrada de extranjeros en Estados Unidos y sostuvo que, en cualquier caso, la reconstrucción de Irán resultaría extremadamente complicada tras la guerra.
Mientras tanto, Teherán ha advertido de que está preparado para prolongar el conflicto. Las autoridades iraníes sostienen que una guerra abierta en el Golfo Pérsico podría paralizar el comercio energético mundial y provocar una crisis económica global. El control del Estrecho de Ormuz continúa así en el centro de la disputa estratégica que enfrenta a Irán con Estados Unidos e Israel.