Agresiones a VOX en Cataluña
Agresiones a VOX en Cataluña
Por Xavier Rius
22 de octubre de 2025

LA GACETA daba cuenta en su edición del lunes: ultraizquierdistas, menas e islamistas boicotearon un acto de VOX en Sabadell. Se trataba, además, de una reunión del diputado autonómico Manuel Acosta con padres de alumnos de un instituto que no quieren que se impartan lecciones de cultura marroquí en el centro. El nuevo caballo de batalla de la escuela pública.

Para que se sitúen, el instituto en cuestión se halla en el barrio Campoamor, uno de los de más población de origen extranjero. En el año 2008 ya estaba en una «lista negra» del Departamento de Educación: la de aquellos que superaban el 25% de inmigración. Si esto era así entonces imaginen ahora, 17 años después. En el vídeo —que tienen colgado en mi canal de YouTube por si gustan: Rius TV—, se ve a una chica con velo y megáfono en mano gritando «fascistas» a los de VOX. También alguna bandera palestina. No quiero ni pensar qué le pasaría a la chica si gritase lo mismo en Gaza.

Luego se ve a jóvenes que burlaron el cordón policial y a agentes antidisturbios de los Mossos detrás, aunque —todo hay que decirlo— con cierta parsimonia. Se escuchan voces que advertían sobre el lanzamiento de piedras y una voz que pregunta: «¿Dónde está la policía?».

Los Mossos no son de fiar. Ya no lo fueron durante el proceso. El día que el presidente del TSJC, Jesús María Barrientos, les ordenó traspasar la custodia del edificio a la Policía aquel 9 de octubre del 2017 es porque no se fiaba. Estábamos en los momentos álgidos del «procés» y, entre la fidelidad al poder político y la lealtad al poder judicial, optaron por lo primero. O al menos algunos de sus mandos. Ahí echaron por tierra su imagen. Incluso como policía judicial. No es fácil ganarse la confianza de jueces y fiscales.

Luego hubo más casos de desidia, ineficacia o incompetencia. Recuerdo un mitin de Santiago Abascal en Salt (Gerona) durante las autonómicas de 2021 en el que les lanzaban objetos sin que hicieran nada. El propio Abascal se quejó durante su parlamento de la «inacción del dispositivo» de los Mossos d’Esquadra y, al terminar, se dirigió al jefe del operativo: «¿Va a usted seguir permitiendo esto?». «Estamos interviniendo», le respondió con una notable sangre fría.

El presidente de VOX le reprochó lo evidente: «Han tenido que lanzar huevos a todo el mundo». Y le recordó que tenía «la responsabilidad pública de defender la democracia y los electorales». Tenía razón. En democracia, el derecho de participación política es fundamental. Sobre todo en campaña. Tiempo después me enteré de que el jefe en cuestión era «indepe».

El día antes, durante una visita a Vic, fue incluso peor. Ignacio Garriga se jugó el tipo. Les lanzaron piedras, huevos y petardos. La furgoneta resultó dañada. En las imágenes se veía a independentistas persiguiendo a los vehículos, hasta alguno montado encima del vehículo. Los Mossos, una vez más, no estuvieron a la altura. Y van…

Sólo faltaría que un diputado no pueda desplazarse a cualquier parte del territorio. Sea de VOX o de la CUP, por poner un ejemplo en el otro extremo del arco parlamentario. Con la ley en la mano, un diputado nos representa a todos. Es como cuando Trump dijo que quería visitar Portland (Oregón) tras varias semanas de disturbios y le dijeron que no era «bienvenido». El presidente de Estados Unidos puede visitar, por supuesto, cualquier ciudad norteamericana. Pero, en los casos de VOX que he mencionado, hay un agravante. Siempre se tilda a la formación de «ultraderecha». Sin embargo, no he pillado nunca a nadie de este partido quemando no ya un contenedor, sino ni siquiera una papelera.

En cambio, no puedo decir lo mismo de los «indepes» que, como se sabe, ocuparon el Aeropuerto de Barcelona, bloquearon la frontera internacional de la Jonquera durante tres días —con concierto de Luís Llach incluido—, cortaron autopistas y quemaron centenares de contenedores, por citar sólo algunos incidentes.

El mismo portavoz de VOX en el Parlamento catalán, Joan Garriga, compareció en la rueda de prensa habitual de los martes con una de las piedras lanzadas, de grandes dimensiones, en Sabadell. «Los Mossos la querían, pero nos la quedamos de recuerdo», explicó. Denunció la «falta de contundencia» del Departamento de Interior, encabezado por la socialista Núria Parlon. «Hay agresiones, delante de la Policía, de personas que luego no son identificadas», se lamentó.

Antes había relatado la quincena de ataques que han sufrido carpas y militantes desde el pasado mes de julio. En Sant Andreu de la Barca, Hospitalet, Vacarisses, Mataró, Barcelona —a Ignacio Garriga durante las fiestas de la Mercè—, Mataró, Terrassa, Premià de Mar, Molins de Rei o Palamós. En algunas ocasiones «por personas de origen magrebí».

El también presidente de VOX en Barcelona terminó con una reflexión: «Imaginen que uno de VOX va a una mesa de la CUP, de ERC o de los socialistas y la tira al suelo». «Abriría los telediarios de TV3 y Basté —el principal locutor de Rac1— haría su comentario del día sobre la agresión de la extrema derecha». Al terminar la rueda de prensa, por cierto, no hubo ninguna pregunta de los periodistas. «Normalidad» institucional en Cataluña.

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