Al aborto por la mutación
Al aborto por la mutación
Por Hughes
25 de febrero de 2026

Mañana ha de deliberar el Consejo de Estado sobre el dictamen solicitado por el gobierno, trámite en su anteproyecto para introducir en la Constitución el aborto como derecho.

La decisión del órgano consultivo no se conoce, pero se intuye, o al menos la intuye la Asamblea por la Vida, que ha alertado de ello.

No era ya lo suficientemente antipática la Constitución como para hacerse del todo odiosa «consagrando» el aborto a costa de desacralizar la vida.

Hay pocos precedentes. Competimos con Francia por estar a la cabeza de ciertas cosas y aquí nos han cogido la delantera. Los franceses constitucionalizaron el aborto hace un par de años. Solo la Yugoslavia de Tito recogía en su norma suprema el derecho de los padres a «decidir libremente sobre el nacimiento de los propios hijos». Nótese el gran liberalismo dentro de la norma socialista.

Esto data del 74 y por entonces, en el 73, en curiosa coincidencia de los dos mundos, Estados Unidos vino a entender, su Corte Suprema, que el aborto era constitucional en la Sentencia Roe vs Wade. Esta importante sentencia fue revocada en 2022 para gran escándalo del progresismo: el aborto dejaba de entenderse como un derecho derivado de la Constitución y quedaba a lo que regulara cada estado.

Extinta o despedazada Yugoslavia y revocada esa sentencia, el abortismo no tenía un referente mundial y allí que fueron los franceses; y por supuesto, innovación humanitaria que surge, innovación que importamos.

La característica española sería el modo de hacerlo. Nunca un recto modo. El derecho a la vida está recogido en el artículo 15, en el núcleo de derechos fundamentales, y por ello exige un gravoso proceso de reforma por el que no están dispuestos a pasar, así que lo que se teme es que utilicen la puerta de atrás del artículo 43 (constitucionalismo sodomita), el derecho a la protección de la salud, para colar gato por liebre. Hacerlo así sería lo propiamente español: una falsa reforma de la Constitución, transformada por vía de mutación, razón por la que no extraña el posible apoyo de Herrero de Miñón, que más veces ha propuesto esta vía consensual de cambio. En definitiva, reformar la constitución sin el pueblo, lo que, en nuestro caso, será feo pero tiene sentido y coherencia.

Si al pueblo no se le consulta, tampoco al pueblo se le puede culpar, aunque haya algo de horripilancia moral, de monstruosidad nuestra que por ahí proyectamos.

Los aforismos son un género algo impertinente. Recuerdo uno de Otto Weininger (lo he buscado): «Nacer es cobardía: es asociarse con otros hombres por falta de coraje en uno mismo. Por eso se busca refugio y protección en el seno materno». La idea de que el seno materno no sea seguro para el niño es el mayor argumento de terror que se puede imaginar. Si no lo es (y no lo sería) cuando lo busquemos por otras formas a lo largo de nuestra vida, lo haremos con la conciencia triste de que no existe.

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