«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
Periodista y guionista. Fue presidente del Club de los Viernes, es colaborador en distintos medios de TV y radio y ha publicado artículos en Vozpópuli, La Nueva España y El Semanal Digital, entre otros.

Arrepentimiento y fugas

28 de junio de 2026

En ese infortunio aciago que parece perseguir a la esquilmada Venezuela, tras la devastación del chavismo se unen las fuerzas de la naturaleza en forma de mortífero terremoto. En él ha sucumbido la mujer de un etarra, de esos matarifes que usaron y usan el país caribeño como refugio, con la complicidad de los jerarcas del régimen bolivariano y algún que otro pérfido mediador en España. A la hora de la escritura de este artículo, Pedro Sánchez no ha dado el pésame a EH Bildu, pero todo se andará. Los herederos políticos de la banda de homicidas con txapela suelen rendir un sentido homenaje a los gudaris caídos, igual que son recibidos en su pueblo, en jolgorio de multitudes, cuando salen de la cárcel gracias a las caricias de trato preferencial del ministro Grande-Marlaska, por mucho que un bobalán y sectario presentador de La Sexta diga que no existen tales ongi etorri .

A nosotros, por contra, dentro de tanta tragedia, tanto cadáver y tanta desolación, el deceso de esa hija de la gran puta nos proporciona un gozo inédito. A la etarra consorte le ha alcanzado la justicia que en España no llegó a su compañero Koldo Olalde ‘Txistu’. La concubina no ha podido huir de su destino final, en el país en el que había nacido y en el que se sentía segura, al lado de su marido asesino de guardias civiles.

Venezuela como negocio del saqueo de narcosocialismo y cómplices (Zapatero), y santuario de criminales como De Juana Chaos, al que un país serio, al igual que a Otegi, ya habría dado de baja en su momento.

La alianza de ETA con dictaduras de corte comunista e islamista (esos campos de entrenamiento en el Líbano) está más que documentada, y es en Vascongadas donde mayor devoción sienten por la causa del yihadismo, pudiendo mezclar, decorando sus antros de euskaldunes apestosos, la bandera palestina con la LGTBI, el logo de la ideología de género y la ikurriña de Sabino Arana. Los muy descerebrados.

La serpiente del nacionalismo ha incubado implantando su hegemonía en una juventud ignorante de ese pasado cruel e indeseable, a base de una ingeniería social y una inmersión (imposición) lingüística con la creación del batua que, a pesar de toda la matraca y la obligatoriedad y el acorralamiento del español, no consigue que el euskera apenas supere el 15% de los hablantes que lo tienen como primera lengua.

Una propaganda a todos los niveles que se basa en las atrocidades y las mentiras, o las mentiras sobre las atrocidades, el estatismo populistas y la utopía totalitaria. La agitación institucional y mediática entre racismo jeltzale y extrema izquierda en el País Vasco ha pergeñado una generación donde el batasuno medio (no hay más que verles los caretos en las fotos cuando lían alguna de las suyas) no es la bombilla más brillante del árbol de Navidad.

Tarugos secesionistas, cabestros de identidad inflamada, supremacistas del Rh negativo y otros zumbados del charco del nacionalismo más o menos delincuencial, dados a la violencia cuando es el único impulso natural en una mente limitada y cerril, de inteligencia muy inferior a la del bonobo, y con el instinto de tirar piedras a todo bicho pensante.

En una entrevista a Eider Nafarrate, periodista que lleva seis años investigando sobre los miembros de ETA que abandonaron la organización, habla del trauma de los presos, muchos habiendo asesinado en la flor de su juventud envenenada, al darse cuenta que no les encajaba ese dogma de la patria vasca oprimida, y darse cuenta en la cárcel en la que estás cumpliendo condena precisamente por esas ideas. Les parece una tortuosa incoherencia. Además, salir de ETA era también salir del talego y volver a tu pueblo como un traidor, donde te da la espalda la cuadrilla, la familia, la iglesia…

Sólo los no arrepentidos y los que no han renunciado a sus ideas y a su fanatismo, como Mertxe Aizpurúa y su retén de apologetas y colaboracionistas, tienen sitio en la ETA de pactos con Sánchez y transferencia de competencias. El PSOE sólo se reúne con aquellos que no renuncian a un vasquidad de pureza racial y dictadura marxista, aunque hoy el ideario de Arana, con la demografía dando un vuelco tremendo que oscurece el paisaje de los valles pastoriles y las ciudades, sólo es posible en cierto sentido grotesco y monstruoso.

Esos arrepentidos cuyo testimonio recoge Nafarrate se volcaron en sus años más tiernos en una desesperación destructiva, y se sienten también víctimas de la banda, pues eran sus jefes los que les ordenaban los atentados, mandando a chavales semi analfabetos y fuertemente radicalizados a matar en nombre de algo que ni sabían lo que significaba, arrebatando vidas y comprometiendo y marcando para siempre las suyas.

Los renegados de ETA que se dan cuenta que todo fue un macabro teatro, y que comieron décadas de cárcel por unos pensamientos delirantes, nunca serán incluidos en listas electorales de los partidos de los verdaderos vascos patriotas, ni tendrán una foto en una herriko, ni serán endiosados por los zotes adolescentes que llevan el mismo proceso radical, pero sin la opción real de asesinar. No podrán ir a Madrid a recibir las carantoñas de Patxi López y la palmadita en la espalda de Sánchez, les será imposible representar a su expansionista Euskal Herria en las reuniones para cerrar las nuevas alianzas con la organización criminal PSOE.

Un pacto con Bildu, por cierto, que fue bendecido, con la grotesca coartada de la paz y la coalición antifascista, por toda la piara mediática de mercenarios e infames secuaces del sanchismo, progres inmorales, palanganeros sin sentido de la decencia y toda clase de alimañas de alquiler, que caerán en el más absoluto olvido cuando el gobierno por el que han vendido su honra se desmorona, cuando Pedro Sánchez huya con Begoña a algún país sin extradición.

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