«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
Director de Rius TV en YouTube. Trabajó antes en La Vanguardia y en El Mundo. Director de e-notícies durante 23 años.

Blanqueando el yihadismo

22 de agosto de 2026

Joan Garriga, de VOX en Barcelona, dijo una cosa atroz el pasado lunes: «Estamos un poco alucinados, hemos visto mucho homenaje a las víctimas, pero no se ha nombrado en ningún momento a los culpables». El portavoz en el Parlamento autonómico pronunció estas palabras tras el homenaje a los fallecidos por el 17-A. «No fue casualidad, fue un atentado islamista», insistió.

Hay que decir que tuvo que hacer las declaraciones mientras recibía una lluvia de improperios de los de siempre. «Fora els feixistes dels nostres barris«, gritaban entre abucheos y silbidos: «Fuera los fascistas de nuestros barrios».

En una evidente falta de respeto no sólo hacia un cargo electo, sino sobre todo para con los familiares de las víctimas. Algunos exhibían el típico cartelito de «Estado, asesino». Como si el CNI hubiera tolerado, e incluso promovido, el atropello mortal para joder el proceso.

El 10 de septiembre del 2017 yo tuve la misma sensación que el dirigente de VOX. Ese día cubrí el acto de entrega de la medalla de honor del Parlament a los Mossos d’Esquadra. Fue una decisión aprobada por la Mesa de la cámara por unanimidad.

Conviene recordar los nombres: Carme Forcadell (Junts), Lluís Guinó (Junts), José María Espejo-Saavedra (Ciudadanos), Anna Simó (ERC), David Pérez (PSC), Joan Josep Nuet (Catalunya sí que es Pot) y Ramona Barrufet (Junts). Hasta el partido de Albert Rivera votó a favor. ¡Nunca antes se había premiado a un cuerpo policial después de un atentado con 16 víctimas mortales!

Además, se excluyó expresamente a Policía y Guardia Civil. Eran los momentos álgidos del proceso y, en el imaginario indepe, eran las «fuerzas de ocupación«. El resto de galardonados fueron la Guardia Urbana de Barcelona, la policía local de Cambrils, Protección Civil, el Servicio de Emergencias Médicas, Bomberos y Cruz Roja.

En el acto, celebrado en víspera de la Diada, intervinieron cuatro personas: la periodista del diario Ara Lara Bonilla, el mayor Trapero –entonces en la cúspide de su popularidad–, Carme Forcadell y Carles Puigdemont.

Nadie habló tampoco de yihadismo o de terrorismo islamista. La colega alabó «los héroes de la Rambla y de Cambrils». Trapero aseguró que «no estamos delante de una guerra de religiones». Forcadell elogió que se «ha sabido evitar el odio». Y Puigdemont, en un mensaje con segundas, aseguró que «somos más fuertes» y que hay que «persistir».

Si hubiera aterrizado en ese momento un marciano, pensaría que nos habían atacado desde un lejano planeta. Como en La guerra de los mundos de Orson Welles (1938). A pesar de que, la misma tarde de la tragedia, Estado Islámico reivindicó la autoría.

Nos atenaza el miedo. El mismo monumento a las víctimas –en la estrella de Joan Miró donde se detuvo la furgoneta asesina– es apenas una tira de metal incrustada en el suelo que turistas despistados pisan sin querer.

Con una sola frase: «Que la paz te cubra, oh ciudad de paz». Escrita en catalán, castellano, inglés y árabe. La oración procede de uno de los mensajes, en esta última lengua, que alguien dejó tras la acción suicida.

Un poco más allá, al otro lado, hay una escultura a la actriz catalana Mary Santpere (1913-1992). Uno de los ídolos de mi difunta abuela, todo hay que decirlo. Mucho más grande. Mientras que al final de las Ramblas, ya en el puerto, hay otro al poeta catalán Joan Salvat-Papasseit (1894-1924), que murió prematuramente a los treinta.

Vamos con miedo en el cuerpo. Es la corrección política, el temor al qué dirán, la dictadura de lo políticamente correcto. Hace un par de años estuve en Estocolmo. El Palacio Real está rodeado de bolardos. Inmediatamente pensé: ¿En Suecia, también? Al fin y al cabo, había sido la cuna de los temidos vikingos.

Ahora, en el antaño paraíso socialdemócrata de Olof Palme, gobierna la derecha, tienen más de un 20% de población extranjera y han sufrido ya un par de atentados islámicos: uno en el 2010 y otro en el 2017. Quizá por eso Demócratas de Suecia, el partido equivalente a VOX, sacó más de un millón de votos, un 20% y 73 escaños de 349 en las últimas elecciones. En política, nada es casual.

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