Brad
Brad
Por Carlos Esteban
3 de octubre de 2026

La gobernadora republicana de Arkansas, Sara Huckabee Sanders, tiene un plan para acabar con el fraude en las prestaciones sociales y conseguir que los beneficiarios vuelvan al trabajo en cuanto les sea posible. Y ha presentado su plan, con vistas a las elecciones de noviembre, en un anuncio en vídeo. Con consecuencias catastróficas dentro de la propia derecha americana.

¿Cuál es el problema? Les digo primero cuál no lo es: el plan en sí. Acabar con el fraude de miles de personas cómodamente adaptadas a vivir de las paguitas, sin intención alguna de volver a la economía productiva, es una idea de sentido común y una vieja reivindicación de las bases republicanas. El problema es el anuncio y, más concretamente, su protagonista, Brad.

Brad, que aparece recostado en un sofá escandalosamente cómodo, comiendo Doritos y jugando a la play, es un joven varón blanco.

¿Y cuál es el problema? Los blancos son todavía la mayoría relativa en Estados Unidos, y los varones vienen a ser la mitad de la población. ¿Por qué, entonces, ha indignado tanto en buena parte de las bases republicanas una elección tan inocente?

Porque, dicen los detractores, de inocente no tiene absolutamente nada. Y, menos aún, de representativo.

«Brad ha convertido el ocio en una profesión a tiempo completo», dice Sanders en el anuncio de campaña. «Pero tú sí que trabajas duro. Pagas impuestos para financiar la asistencia social de tipos como Brad que simplemente eligen no trabajar». Pero es que los jóvenes varones blancos no son exactamente el problema, estadísticamente hablando. Ni de lejos.

La explicación más caritativa es que Sanders ha elegido a un hombre blanco por motivos electoralistas, para tratar de atraer el voto negro del estado en las elecciones a la vuelta de la esquina. Pero eso no tiene mucho sentido: no hay voto más fiel que el voto negro. La proporción de población afroamericana que vota por el partido demócrata elección tras elección supera el noventa por ciento.

Los blancos son el bloque de electores que constituye la columna vertebral del Partido Republicano. Y la gobernadora ha decidido insultarlos. Otra vez.

La milésima vez, porque la verdadera razón por la que Sanders ha decidido personificar en un varón blanco el prototipo de parásito decidido a vivir de subvenciones hasta la tumba es que ridiculizar a este sector de la población es gratis. Si el protagonista hubiera sido un negro o una mujer, en este momento el capitolio de Little Rock estaría en llamas, literalmente.

Las razas, ya saben, no existen. Pero la raza blanca es la raíz de todos los males. Los dos sexos son iguales, pero los varones son tóxicos agentes del Patriarcado opresor que deberían desaparecer de la faz de la tierra. Vivimos supuestamente en la época más tolerante de la historia, la más atenta a no herir la frágil epidermis psíquica de ningún colectivo imaginable, pero toda manada necesita su Lobo Omega sobre el que descargar libre y generosamente todas las frustraciones del grupo. Y, parece ser, el Lobo Omega empieza a ser consciente del juego.

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