El Faro de Ceuta ha publicado el 7 de enero de 2026 que en Ceuta se ha constituido ante notario e instado oficialmente la inscripción de un nuevo partido político, de evidente corte islamista, denominado Justicia y Desarrollo. Sus fundadores son desconocidos por ahora, salvo Abdelasis Mohamed Ahmed y Abdelesam Abdelkader Mohamed. Dice la noticia que se presentan como un partido político español —el nombre de los fundadores lo deja claro— que tiene por finalidad sustituir a los partidos promarroquíes como MDyC y Ceuta Ya, que a su parecer no están cumpliendo los objetivos.
Dirán, seguro, que no tienen relación orgánica o funcional con ninguna organización política extranjera pero a estas alturas de la historia es más fácil partir de la causalidad que rechazar las cosas como casualidades.
La denominación «Justicia y Desarrollo» coincide con la del partido marroquí fundado en 1998 y que gobernó el país vecino entre 2011 y 2021, cuando sufrió un desplome electoral; partido caracterizado por un islamismo institucional, formalmente moderado, integrado en la monarquía, controlado por el Gobierno y que se empleó históricamente para impedir el crecimiento del partido islamista «Justicia y Caridad», más vinculado a la doctrina y acción de los Hermanos Musulmanes.
Pero es que Justicia y Desarrollo es también la denominación del partido turco de Erdogan, fundado en 2001, marcadamente islamista, que puso fin al laicismo estricto, ha reforzado el papel del Islam, ha concentrado el poder en el Ejecutivo y actúa como elemento claramente desestabilizador en el Oriente Medio, Asia Central y Norte de África, aprovechando —como Marruecos— su posición de país de tránsito —y de origen— de los flujos inmigratorios más peligrosos para Europa.
Basta ir a un buscador para ver cómo con la denominación de Justicia y Desarrollo operan también partidos islamistas en Azerbaiján (ilegalizado); en Jordania, en el claramente en el entorno de los Hermanos Musulmanes y en Libia. La elección del nombre, por tanto, ni es casual ni busca ya camuflar la voluntad de imponer el islam en tierra patria.
El movimiento islamista en Ceuta no es baladí. No es menor. No es algo que hayamos de minusvalorar. Ninguno de nosotros. Pero especialmente nuestro Ejército y nuestras Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, y sus servicios de información e inteligencia, que tienen desde ya el deber de vigilancia, monitoreo y seguimiento de dicho partido. Nosotros, humildemente, también estaremos vigilantes.
Otro motivo más para que aquellos españoles que aún no son conscientes adviertan la gravedad de la situación política, civilizatoria, en España y en toda Europa; y muy especialmente, en aquellas partes de España, como Ceuta, Melilla o las islas Canarias, que han sido singularmente abandonadas por los gobiernos nacionales del Partido Socialista y el Partido Popular a la invasión inmigratoria y a la presión reivindicatoria del país vecino.
En Ceuta, incluso, el PP se ha caracterizado por su violento rechazo a VOX y su clara determinación en gobernar con el PSOE y pactar —siempre— con los partidos que promueven la marroquinización de esa ciudad tan española como bella, tan bella como española.