«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
Hughes, de formación no periodística, es economista y funcionario de carrera. Se incorporó a la profesión en La Gaceta y luego, durante una década, en el diario ABC donde ejerció de columnista y cronista deportivo y parlamentario y donde también llevó el blog 'Columnas sin fuste'. En 2022 publicó 'Dicho esto' (Ed. Monóculo), una compilación de sus columnas.

Defensa de Ceuta y Melilla

30 de julio de 2026

En TVE decían «llegada de migrantes». La llegada de ‘migrantes’ no es lo que estaba sucediendo. El discutible concepto ‘migrante’, que nos remite al asilo o a las formas dignas del trabajo, es un manto para disfrazar otra cosa más cercana a la invasión. Un acto hostil, avasallador e ilegal que con la piel de cordero de la ‘migración’ permite recoger toda la protección de lo humanitario.

Pero lo que veíamos, permitido por Marruecos, porque de otro modo no podría suceder, es decir, no permitido sino organizado, no tenía ningún rasgo humanitario. Son personas hechas una sola cosa: contingente, riada, avalancha. Marruecos deshumaniza a sus súbditos, los hace mar de gente, aluvión (otro ‘elemento’, esta vez humano, que arrasa al gobierno), y espera que España no los humanice sino que los ‘humanitarice».

Pensamos que hay que deshumanitarizar la frontera y, en su lugar, militarizarla.

Es decir, hay que hacer lo posible por dejar de estar sometidos al chantaje marroquí. Un chantaje que humilla a los españoles. Un chantaje permitido por Europa, porque si el poder europeo quisiera, ese chantaje acababa mañana (¿Cómo puede un socio comercial hacernos esto?). La única forma de superar la debilidad de estar bajo el chantaje es proteger la frontera a toda costa, y nunca mejor dicho, y eso pasa por el reforzamiento fronterizo (la idea física y metafísica de muro o espigón), la militarización, y la salida de todas los acuerdos e instituciones internacionales de corte humanitario que impiden a España defender su frontera, es decir, su integridad, es decir, el principio de existencia y salud de todos los españoles.

La defensa de Ceuta, Melilla y las Canarias debe ser el eje fundamental de la política española. Hay reconquistas desde arriba y reconquistas desde abajo. Necesitamos un nuevo africanismo que parta del aseguramiento y defensa de Ceuta y Melilla. ¿Qué se necesita para garantizar la españolidad de esas ciudades? De la contestación a esa pregunta ha de seguir lo demás.

La sensación que tenemos es que se hizo al revés, que todo se organizó dejándolas al aire, en una intemperie geopolítica y, lo que es peor, sin la debida protección nacional.

¡Régimen infecto que nos dejó al aire, desprotegidas, colganderas, las dos gónadas españolas para recibir las patadas de Mohamé!

Si hubiera que preguntar por dónde se empieza, diríamos que por Ceuta y Melilla, o sea, por su españolización constante, y por el total aseguramiento de sus fronteras, asumiendo las consecuencias y obligaciones de hacerlo.

La inercia que arrastra España acabará por entregarlas, si no lo están ya, sentenciadas. Pero España empieza en África, cosa que se olvida. ¡La idea española en lo no ibérico, alejada de la putrefacción!

La defensa de Ceuta y Melilla, preservarlas del chantaje moro, ha de ser el comienzo, lo primero de todo. ¡De ese principio africanista deberá salir lo demás!

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