«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
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Este artículo se publicó en La Gaceta antes de convertirse en La Gaceta de la Iberosfera, no siendo entonces propiedad de Fundación Disenso.

Democracia y vísceras

14 de febrero de 2014

El pasado sábado, 9 de febrero, los suizos votaron, por un estrecho margen, terminar con la libre inmigración de ciudadanos de la Unión Europea. El asunto merece un análisis social, antropológico si quieren, y otro político. Arcadi Espada une los dos. Actuamos con algún cocktail de razón e instinto, también en política. Y el referéndum es la acción política ciudadana más directa. De modo que lo que hemos visto en Suiza, al 50,4 por ciento, es la emoción reaccionaria hecha ley. Una emoción, además, azuzada por los medios de masas. Es cierto. La política masiva ha cortocircuitado la discusión racional, y ha colocado nuestras vísceras (la xenofobia, el nacionalismo) como suprema racio de la democracia.

Luego llega González, Enric. Se inventa un Adam Smith para hacer un juego malabar con los egoísmos. Luego dice que el nazismo (de nuevo el nacionalismo) es anterior a la democracia. Así, la exonera de nuestros deseos, todo un logro. De fondo, los dos lo mencionan expresamente, está el nacionalismo, pendiente en España de otro referéndum. Para Enric el referéndum es el bien, mientras que Espada señala el camino desde nuestros instintos, tan tribales, hasta el voto.

Ya en materia, ese 50,4 por ciento está más pasado por el filtro de la razón de lo que parece. No votan para controlar al inmigrante diferente, tan fácil de expulsar llegado el caso, sino para frenar al más cercano. La región con más votos favorables hacia las cuotas es la italiana. Quienes más han emigrado a Suiza son los alemanes, que se pueden integrar sin problema en la población. Dice Espada que “cualquier otro país europeo que hubiera planteado una pregunta semejante a sus ciudadanos habría obtenido resultados parecidos”, lo cual es cierto.

El problema no es la democracia, sino el poder. La democracia somos usted y yo votando qué hacemos con un tercero. El poder de actuar sobre él, legitimados porque somos dos y él sólo uno; ese es el problema. Si Enric González tiene una imagen inmaculada de la democracia, los dos parecen tenerla del poder.

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