«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
Hughes, de formación no periodística, es economista y funcionario de carrera. Se incorporó a la profesión en La Gaceta y luego, durante una década, en el diario ABC donde ejerció de columnista y cronista deportivo y parlamentario y donde también llevó el blog 'Columnas sin fuste'. En 2022 publicó 'Dicho esto' (Ed. Monóculo), una compilación de sus columnas.

Desórdenes franceses

20 de octubre de 2026

Las revueltas francesas ocurren cada cierto tiempo. Incluso desde fuera, parece que cada vez tienen que añadir algo más para interesarnos. «Oh, ya están otra vez los franceses». Estos días, destrozan París y otras ciudades. Por lo que nos cuentan desde allí, hay unos estudiantes izquierdistas absurdos y burgueses protestando por tonterías, luego unos antifa violentos, y luego saqueadores, como mucho anárquicos, que llegan desde los suburbios. Además están las fuerzas del orden, que demuestran inutilidad o permisividad, tanta que parece también una crisis del orden público, un concepto tan francés como el de revolución.

Esto es lo que se cuenta, aunque es más importante lo que se oculta. Por ejemplo, el elemento étnico. En las noticias de A3 (Planeta, duopolio), entre los causantes de los disturbios, un experto mencionaba anoche a la extrema izquierda y a los soberanistas (lo prometo). Ni una palabra de la inmigración. Todos los antes mencionados, que parecen vagones de un tren o fases sucesivas de una manifestación, marchan bajo la bandera palestina, no de Francia, razón por la cual los odiadores de Israel, los Estados Unidos y las fuerzas derechistas occidentales (es decir, odiadores de todo menos de Irán y a lo mejor Rusia) también callan o minimizan el componente étnico. Es que Francia siempre ha sido así, sostienen… Podrían decir también que estamos presenciando un rito de nacionalización: romper cosas. Los hijos de la inmigración africana se hacen franceses con algo tan de allí como la revolución. Cuando se suben a las estatuas no lo hacen por salvajismo o iconoclastia sino por pura pasión histórica, como si nos subiéramos nosotros a darle abrazos a Espartero.

Cuando quieren callar algo, a menudo se hace más elocuente. Zemmour ha dicho que las revueltas muestran «el verdadero rostro del Gran Reemplazo, hordas de bárbaros magrebíes y africanos entrando en las ciudades». Lo divertido fue lo que le preguntó una periodista: «¿Cómo sabe usted que son musulmanes? ¿Estuvo allí?»

Las hordas, que recuerdan al «manadas y manadas» de Verstrynge, siguen a la extrema izquierda. Pero podrían estar siendo utilizados no solo por el izquierdista Melenchon. La pasividad policial es sospechosa. Están frescas las imágenes de los palos que recibían los Chalecos Amarillos, y en Francia estos días se han visto menos dispositivos policiales. ¿Por qué no vapulean a los irritantes antifa Bloque Negro? ¿Acaso estas revueltas pueden interesar a Macron? No está lejos la cita electoral. Con Marine Le Pen muy por delante en las encuestas, al partido de Macron le podría venir bien este desastre para ganar, sobre el LFI de Melenchon, el acceso a la segunda vuelta. Me lo sugiere un francés de gran experiencia y sabiduría. De esta manera, el miedo vencería a la extrema izquierda y luego, en la segunda vuelta, las calles ardiendo otra vez, se enfrentaría a Le Pen, con parecida baza. Sin haber dado un solo mamporro a los antifa y sin haber dicho una mala palabra de la racaille africana («franceses, ¿cómo podéis hacerle esto a Francia?»). Macron haría con el miedo lo que Chillida con el viento. Así funcionan los centristas. O sea, los de la pasta.

Fondo newsletter