Le ha hecho Elon Musk a Pedro Sánchez uno de los pocos «jaques» que permiten hoy las democracias liberales, que es el que tiene como escenario las redes sociales, siendo el actuante uno de los empresarios tecnológicos más poderosos del mundo. Su «Dirty Sánchez» ha llegado para quedarse, y su análisis del personaje es mucho más acertado que el de la mayoría de tertulianos españoles: «Es un tirano y un traidor al pueblo de España», y su Gobierno «está importando votantes, porque no tiene el apoyo de su propio pueblo». Lo clavaste, Elon. Se ve que tiene una excelente información sobre España.
Realmente, deberíamos hablar de «dirty power», y no limitar la suciedad al inquilino de La Moncloa, tal es la dimensión del lodazal que caracteriza hoy las principales instituciones públicas, enmerdadas hasta la bandera por los caprichos de los dos grandes partidos. Sánchez, como Feijoo, es un figurante más en esta época negra y decadente de la historia de España; un figurante malvado y peligroso, sin duda, pero que ya se encontró la manzana podrida cuando llegó con sus aires de grandeza y su soberbia. Él se limita a ser un gusano más, y a consumir su parte.
Tras la presentación, hace unos días, del libro «Franco para millennials, centennials y alfas», de SND Editores, algunos «periodistas» han puesto el grito en el cielo y se han escandalizado de que sus autores (porque es una obra coral) defendamos el franquismo como un periodo bueno para España. Con sus luces y sombras, sin duda, pero con un balance general positivo. Y no comprenden, estos atolondrados plumillas y columnistas, que cuanto mayor es el desastre de la política actual, cuantos más golfos hay, cuantos más trenes descarrilan, cuantos más apagones ocurren, cuantas más personas inocentes mueren en danas y en pandemias mal gestionadas, más se agranda (por contraste) la figura de Franco. Le están haciendo bueno quienes más le odian, logrando lo que parecía imposible: que le echen de menos hasta quienes no lo conocieron.
Dirty Sánchez y Short Montero pilotan un tren, España, que ha descarrilado por la parte trasera y se ha estrellado con otro que venía de frente, que se llama «realidad». Y lo único que les importa (a ellos dos, y a la cohorte de frikis que les acompañan en las reuniones del Consejo de Ministros) es salir bien parados del golpe. El resto de pasajeros les importamos un pimiento. Porque, efectivamente, aquel candidato a las primarias del PSOE que hizo trampas escondiendo una urna para ganar, es hoy un corrupto consumado. «Un tirano y un traidor al pueblo español», como dice Musk.
Las elecciones de hoy en Aragón, lo ocurrido en Extremadura antes de la Navidad y lo que previsiblemente sucederá en Castilla y León a partir de mañana van a dibujar un escenario muy concreto de cara a las generales: la mayoría quiere un cambio profundo. Los españoles ya no se conforman con un señor de Galicia que habla mucho y hace poco; ya no sirven los mismos parches de siempre, porque lo que tenemos no es una pequeña hoguera mal apagada, sino un colosal incendio. Y las soluciones no pueden ser estéticas como hasta hoy, sino estructurales y de fondo. Ya no vale sustituir a Dirty por su doble para quedarnos como estábamos.
España viene padeciendo una lacra de gobernantes sin escrúpulos desde hace décadas. Esos pésimos gobiernos, despilfarradores de nuestro dinero, han provocado muertos; porque, efectivamente, la corrupción mata. Los patriotas no vamos a permitir que la memoria de esas víctimas inocentes se quede en el olvido, y sin ser reparada. Echaremos del poder a estos vividores, psicópatas de baratillo y felones por vocación. Una nación milenaria no será jamás vencida por una escoria de rufianes sin moral.