«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
Hughes, de formación no periodística, es economista y funcionario de carrera. Se incorporó a la profesión en La Gaceta y luego, durante una década, en el diario ABC donde ejerció de columnista y cronista deportivo y parlamentario y donde también llevó el blog 'Columnas sin fuste'. En 2022 publicó 'Dicho esto' (Ed. Monóculo), una compilación de sus columnas.

El centroderecha también hace estas cosas

1 de noviembre de 2026

Llevábamos viendo en los últimos días cosas que nos hacían imaginar algo así. Por un momento, pensamos que llevada la situación a cierto extremo, el diálogo entre el Supremo y el Constitucional podría acabar en España en alguna forma de colapso jurídico que exigiera un paso más, un acto distinto; y qué decir de Brasil, con ese juez amigo de Lula interviniendo en las elecciones. Se intuía que toda la legalidad o juridicidad que de ahí saliera, de tribunales como nuestro Tribunal Constitucional o el brasileño, serían ya pura palabrería desmedulada, el maquillaje corrido en la cara del poder.

Y en estas llega Polonia, con la escena de la policía rodeando el Constitucional y la juez afín a Tusk tomando el control del tribunal. A la oposición, el presidente de la República, le pilló curiosamente viajando a Senegal. Dio la vuelta, como la dio Primakov y, no sin dificultades, consiguió aparecer en el Constitucional para sofocar el… ¿golpe? No les gusta a los señores, señoras y señoritas del centroderecha que se diga golpe. Es injusto, impreciso y no resulta lo suficientemente técnico. Para ellos, además, los golpistas son los otros. Ellos llamaban golpe a la charlotada en el Capitolio de EEUU, cuando los policías abrieron las puertas a los trumpianos, con visita guiada por personajes como Nick fuentes, más que probable federal.

Los MAGA más friquis entraron en el edificio, se fueron y alguno en el ínterin hasta murió y eso era considerado un golpe con todas las letras; un intento de tomar el control del Constitucional con la policía les parece más discutible… Digamos tensión institucional.

Esa toma del tribunal, jurídica o formal, tuvo que suceder antes físicamente. Y es aquí donde se produce el chisporroteo, aquí aparece ese momento en que las palabras, las leyes y las interpretaciones de las leyes dejan el paso a una fuerza coercitiva, alguien impidiendo a otra persona entrar en un edificio.

Supongo que los juristas hablarán de momento schmittiano. Cuando se decantan destinos históricos y la polarización es absoluta, las instituciones se convierten en zanjas o trincheras de una guerra. Las leyes disponen cosas hasta que, a través de algún juez, empiezan a disponer lo contrario. El juego institucional se colapsa alcanzado un absurdo. Tarde o temprano, la fuerza aparecerá y la última palabra no la tendrá un Constitucional. Llegado cierto punto, el enfrentamiento será inevitable.

La relativa novedad del viernes es comprobar que estas cosas, a las que ni siquiera ha llegado Sánchez, las hace también el centroderecha, esto de someter a la máxima tensión a las instituciones. ¿Debuta de golpista el centroderecha? Tusk, del que Von der Leyen ni pío, fue presidente del PPE, el Partido Popular Europeo del que forma parte. Lo verán ustedes por los defensores que le salen y, más allá de estas psicofonías, por el silencio espectral en los medios de la peperosfera, que son bastantes y estaban, justo antes de la catástrofe de Urda, normalizando lo de Lula en Brasil.

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