Llegan las elecciones a Andalucía, y por primera vez es necesario que se produzca un cambio, pero no para echar a los socialistas (que era lo normal hace años en esa maravillosa región española), sino para echar a la derecha acomplejada que hace políticas socialistas en Andalucía y en Bruselas. Qué bluf político no será Moreno Bonilla, y qué nivel de socialismo no acarreará su partido, que miles de andaluces expresan ya un hartazgo que no se corresponde con el relativamente poco tiempo que lleva el dirigente popular gobernando en solitario. «¡Es como si llevase toda la vida!», me dice un amigo cordobés que va a votar a Gavira porque, dice, «se fía de su cara de buena persona». Y es que la cara sigue siendo todavía el espejo del alma.
El cantante Moreno Bonilla ha desafinado de una manera dramática en las dos semanas que ha durado la campaña electoral de las andaluzas, y de una forma preocupante en los dos debates televisivos. Inseguro, nervioso, incapaz de hacer frente a sus adversarios del PSOE y de la extrema izquierda unida… ¡Pero cómo los iba a hacer frente, si está de acuerdo con ellos en casi todo! El delfín favorito de Feijoo ha logrado resumir en quince días cómo han sido los cuatro años que lleva con mayoría absoluta en el Palacio de San Telmo: un canto continuo a la ideología progre sin asomo de interés por los problemas reales de los ciudadanos. El gallo de un tenor de cuarta fila tratando de dar el do de pecho al final del Nessum Dorma.
Hay que reconocer que sus gorgoritos en la canción ligera Kilómetro Cero, que le ha servido de sintonía oficial estos días, cumplen con los estándares de calidad del pop español, tan pródigo en niños que cantan con medio falsete. Si finalmente ha sido él quien ha perpetrado la parte vocal del tema (porque…, hasta en esto ha jugado al despiste con todos), no le vamos a negar un cierto don para las artes escénicas. Pero la política tiene muy poco que ver con el pop, y los andaluces padecen problemas de tal envergadura y gravedad que tener a un presidente que se parece a Bárcenas hijo no es un gran consuelo. O eso nos tememos, al menos.
Moreno Bonilla se indignó por el hecho de que VOX no dejase de cantar las verdades del barquero cuando se produjo el asesinato de los dos guardias civiles que perseguían una narcolancha en Huelva, pero él ha salido cantando y bailando en un videoclip, feliz y optimista, muy poco después de la tragedia. Así es la doble moral permanente de los actores del bipartidismo: nada de lo que exigen a los demás están dispuesto a cumplirlo ellos. Su socia y aparente rival, Marichu Montero, llama «accidente laboral» a un homicidio, y el presidente de la Junta andaluza juega a ser David Bisbal en vez de exigir a Sánchez que tome medidas concretas para que crímenes tan terribles no se vuelvan a producir. Ese sería un poquito el resumen.
Abascal, que se ha recorrido Andalucía palmo a palmo (como ya hiciera en Extremadura, Aragón y Castilla y León), ha explicado con todo detalle lo que supondría para los andaluces volver a dar la victoria a los populares. Esto no son habladurías ni obsesiones de la prensa enemiga: el PP y el PSOE votan lo mismo en Bruselas en nueve de cada diez ocasiones. Y lo que acuerdan en Bruselas luego lo ejecutan en el campo andaluz, por ejemplo cortando majestuosos olivos para instalar paneles solares horrorosos, que no sólo acaban con la riqueza natural de España, sino que suponen la ruina y la miseria para cientos de familias. La ex ministra que podría hacer de verdulera en una teleserie de Netflix y el émulo de Manuel Carrasco creen en lo mismo, piensan lo mismo y, si se pelean en público, es precisamente por lo mucho que necesitan ir siempre de la mano.
La tierra de los hermanos Machado y de Diego Velázquez fue la primera región española donde VOX experimentó un crecimiento histórico en unas elecciones como las de hoy. Fue el 2 de diciembre de 2018, y los de Abascal entraron en el Parlamento andaluz con nada menos que 12 escaños. Ese día, el bipartidismo se fracturó y los ciudadanos empezaron a comprobar lo que ocurre cuando sus preocupaciones reales llegan al legislativo: la vivienda, el trabajo, el apoyo a la familia, el cierre de chiringuitos ideológicos para mejorar la sanidad y la educación…El imperio del sentido común. Eso es lo que necesita hoy Andalucía, esperemos que como anticipo de lo que debe ocurrir en 2027, cuando las urnas se lleven para siempre al esposo de Begoña y a quienes le imitan de tapadillo.