Emparedado de Godwin
Emparedado de Godwin
Por Hughes
7 de octubre de 2025

A muchos no les conviene que llegue el Apocalipsis, dijo Pitita. A muchos no les conviene que llegue la paz de Trump, que además no sería la paz de Trump, sino la paz de la flotilla (en catalán, la flutilla, la flutilla de la kufiya).

Sus integrantes llegaron a Atenas como los miembros de una festiva comitiva olímpica que hubiera ganado una medalla. Dicen que sufrieron torturas, huelgas de hambre, vejaciones y una estancia «entre Guantánamo y Auschwitz» pero estaban tan pichis porque habían logrado la paz.

Los medios gubernamentales decidieron hace días olvidar la política nacional y centrarse en Gaza. Da igual porque el mecanismo y el contenido es el mismo: nosotros somos los buenos y los otros unos nazis.

Llamar nazi a Israel es algo que ya hizo una socialista, Amparo Rubiales, cuando llamó «judío nazi» a Bendodo. Para llamar nazi a un judío, que ya hay que tener cuajo, es necesario considerar lo de Gaza genocidio. No una masacre o un crimen de guerra o una violación repetida del derecho internacional y humanitario… no: genocidio, o como decía una señora: el genocinio. Las imágenes recuerdan a Dresde después de ingleses y americanos.

Escuché días atrás una entrevista a un importantísimo experto en política internacional; repetía «genocidio en Gaza» y a la vez sostenía, con sonrisita de oráculo, que Israel estaba fracasando porque no conseguía matar guerreros palestinos (así los llamaba). Una persona con poca información sobre el asunto (yo) no podía evitar que se le formara una nubecilla intrigada sobre la cabeza: ¿están «exterminando sistemáticamente al entero pueblo palestino» pero apenas a los guerreros palestinos?  

La palabra genocidio no solo ha permitido llamar nazis a los judíos, también, y sobre todo, llamárselo a los de enfrente, a la derecha. Y como en España somos más papistas que el Papa, nos hemos tirado días concernidísimos con un edificante diálogo:

–¡Genocida!

–¡Terrorista!

Un debate espinoso en el que eran altas las probabilidades de que a un despistado que pasara por allí le llamaran «partidario de genocidios» (nazi) unos, o «antisemita» (nazi) otros. O sea, o nazi o nazi. Emparedado de Ley de Godwin («a  medida que una discusión en línea se alarga, la probabilidad de que surja una comparación con los nazis o Hitler se aproxima a 1»).

Hay gentes de buena voluntad que sufren realmente, intensamente, por lo de Gaza. Son personas de una admirable empatía y de una conciencia insomne, que literalmente no les deja dormir. Hay también, sin embargo, una tendencia acusada al exhibicionismo moral y a convertir la buena conciencia en una pose como de culturista ante el jurado.

Al estar sucediendo a la vez lo de Ucrania y lo de Gaza, y a pesar de sus diferencias, es posible observar en algunos las tan distintas actitudes.

Hay personas que viven absolutamente afligidas por Gaza que ni reparan en Ucrania. Se les ve día tras día, minuto a minuto con Gaza en la boca, se les ve capaces de dejar a la mujer por ello, pero vuelan un tren en Ucrania y ni palabra. No es lo mismo, dirán, pero yo respondería lo que la abuela a los nietos: qué dedo me corto que no me duela…

A otras personas les sucede lo contrario. Altísima sensibilidad con Ucrania y muy poquita con Gaza.

Otras (seres moralmente míseros, sin duda) muestran relativa indiferencia con las dos. Por ignorancia, matiz, distancia, realismo supino o escaqueo lo viven sin demasiada pasión.  

Una variante mejorada de esto es el que se sale por la tangente aludiendo a un genocidio de cristianos que siempre se está produciendo en alguna parte («¿y en Nigeria qué?»). La función de ese genocidio en el olvido es ser medida de la indiferencia, señalar la asimetría del mundo

Si todo esto lo representáramos con el diagrama de Venn, los círculos que se intersectan, veríamos que la actitud de mayor moralidad es la de quienes sufren y denuncian lo de Ucrania y sufren y denuncian (todos los días) lo de Gaza. Estas personas son realmente admirables. ¿Y saben quién es una de ellas? Pedro Sánchez. En nuestro presidente se intersectan el No a la Guerra de Putin con el Stop Gaza.

Si aplicamos el diagrama de Venn (al menos el diagrama de Venn) nos sale que Sánchez es pura conciencia moral. La más alta. O sea, vennianamente hablando, es mejor persona que la mayoría.

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