Epstein parece que tampoco
Epstein parece que tampoco
Por Hughes
3 de febrero de 2026

Estaban algunos el sábado por la mañana que había que verlos, recién publicados los papeles de Epstein, ya sin tachaduras ni censuras, ¡se les hacían los dedos mariposillas en el Twitter! Por fin se conocía la verdad. Por supuesto, era Israel la que había filtrado los papeles. ¿Por qué? Para que Trump bombardeara Irán o a lo mejor porque no lo había bombardeado todavía. Daba igual. Les da lo mismo Juana que su Hermana. ¿He dicho hermana? ¿Como Hannah y sus hermanas, la obra del judío Allen, ¡también menorero!?

¿Lo ven? Todos los caminos daban a lo mismo: la trama inevitable.

Esto se irá matizando y borrando con los días y probablemente dentro de poco parecerá un sueño, pero personas muy serias y formales estaban difundiendo, como la mayor de las evidencias, emails y documentos que recogían denuncias que el propio FBI señalaba como fuentes psicóticas de ninguna credibilidad. Eso ya no lo leyeron. Quién iba a pararse en la letra pequeña, si estaba cayendo Trump…

Pero Trump había sido investigado ya por el FBI, la CIA, la agencia tributaria, la de Seguridad Nacional, varios fiscales, sus rivales políticos y todos los medios de comunicación imaginables y no encontraron nada. ¿Creen que se les pasó por alto el pequeño incidente de violar a una niña y comérsela o enterrarla en un campo de golf? ¿Creen que estos papeles, que tenía Biden, los iban a desaprovechar si contuvieran una pizca de verdad?

Se estaba acreditando una máquina perfecta de delirio: unos locos llaman a un teléfono para decir que alguien mata niños y el registro de eso se publica años después para alimentar nuevas narrativas… y las narrativas no eran, no son poca cosa: uno: el mundo (libre) lo gobierna un ser inmoral hasta límites incalificables y, dos: ese ser es un muñeco en manos de la gente que siempre dirigió el mundo. Ya saben ustedes quiénes (una pista: los reptilianos de la geopolítica).

Se manifestaba de nuevo un odio visceral y trastornado a Trump, pero sobre todo, un odio a la realidad y a la democracia porque la idea de que Trump sea un muñeco en manos de Epstein, el súper agente diabólico judío, convierte todo en una farsa, en una mala broma. Años de política, de palabras, de movimiento, de votos, de energía humana e intelectual, de esfuerzos, de realidades desveladas, descritas, diagnosticadas… todo para nada: Trump era un tirano comeñinos, pero además un tirano comeniños con una mano en el culo como Monchito o Macario.

En cierto modo, ya lo habíamos visto con la Trama Rusa («Russia Russia hoax») y con esa idea de que Trump violaba a las mujeres por decir, en una conversación privada, que cuando eres famoso te dejan cogerlas by the pussy (cosa que es fundamentalmente una verdad). Ahora llegaba el hoax al cuadrado, y él mismo lo advirtió: Epstein, la lista, la pedofilia, y la dependencia total no de Putin sino de Israel.

Si la trama rusa aprovechaba una rusofobia característica en el mundo anglosajón, Epstein, odioso, depravado y codicioso personaje alejado de lo humano, entraba como un guante en el molde antisemita clásico: oscuros hilos judíos mueven la realidad, una forma unidimensional de explicar el mundo en pleno revival.

Trump cambiaba también de caballo de la inmoralidad: de ser el símbolo total del machismo a ser símbolo del satanismo, un mal de tipo luciferino. Ese cambio del machismo al satanismo metía más gente a la fiesta. Ya no eran solo los progresistas.

Si en lo primero, lo de Rusia, participaba la izquierda, a lo segundo se sumaba el mundo de la conspiración espiritista y una parte de la derecha americana: los libertarios, que encuentran una oportunidad para no ser engullidos por el MAGA; los aislacionistas, concomitantes con el mundo BRIC. y por supuesto los competidores en la gran tarta de la atención online: podcasters, influencers, nickfuentistas… en espiral descendente hasta el bot y la ameba, elementos del caldo biotécnológico en el que vivimos.

La acrítica recepción de estos papeles ha hecho pensar en lo estúpida que es la gente, lo tontos que podemos ser, la incapacidad general para leer y comprender algo básico. Pero hay personas bastante listas haciendo estas cosas. No son incapaces. ni tontos de baba (que los hay) y llegado el momento y un cierto nivel de interés o desprecio, con los desvalidos hechos y la siempre tierna realidad ejercen una violencia un poco sádica, Si hubiera una Isla de Epstein de las Evidencias, irían allí seguro.

En los documentos hay delitos ciertos, víctimas reales, historias que se investigarán, como mínimo periodísticamente jugosas, y circuitos o maneras del arribismo y el dinero, pero quizás lo de Epstein no da para tanto, aunque de para mucho. Por el momento, los archivos han revelado más sobre la chusma que sobre las élites.

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