Es insoportable
Es insoportable
Por Itxu Díaz
11 de septiembre de 2025

El relato de diez violaciones y agresiones en apenas unos días que ha desgranado Santiago Abascal en el Congreso este miércoles es deprimente. Pero es mucho más deprimente contemplar, durante su intervención, las caras de la mayoría de los diputados. Desde Rufián, mirando al móvil con indiferencia hasta el mismísimo presidente del Gobierno, oteando el techo del hemiciclo pensando en los baños de La Mareta. Es deprimente, en fin, la desgana total de tantísimos diputados ante una relación de «casos aislados» nada asilados, probada, y verificable, no opinable, por el mero hecho de que fueron perpetrados por inmigrantes. Estos inconscientes, vagos, y corruptos están dejando completamente solos a los españoles en su defensa de lo más básico y elemental, su libertad, su propiedad, su dignidad, y su vida. 

No es la indiferencia de quien no tiene en su mano acabar con este drama diario. Es la indiferencia de quien prefiere ser cómplice de las violaciones con su inacción, antes que acudir a las inevitables causas últimas y extraer conclusiones. A saber, la pregunta que nadie quiere hacerse, salvo VOX: ¿qué ha cambiado en poco tiempo en tantas ciudades, pueblos y barrios que hasta fechas muy recientes eran completamente tranquilos, al menos en lo que agresiones sexuales se refiere? Las farolas siguen iluminando las calles, las chicas siguen saliendo de sus casas a las mismas horas, las plazas siguen estando llenas de paseantes, y no hay, en teoría, ninguna reducción particular de efectivos policiales. ¿Qué ha cambiado entonces? Sí: la llegada descontrolada de cientos y cientos de inmigrantes ilegales, traídos a España por las nuevas mafias de negreros del Mediterráneo disfrazadas de ONG. Les prometen que tendrán casa, comida y ayudas. 

No trabajan, no pueden, porque son ilegales. Y creen —confiemos en que eso no se lo hayan dicho, pero vaya a usted a fiarse de un negrero— que pueden disponer a su antojo de las mujeres que se encuentren por la calle, y que la correría española de moda entre estos turistas subvencionados es fugarse del centro de menas de noche para ponerse hasta el culo de sustancias y amedrentar y manosear adolescentes al azar en busca del amor obligatorio. 

Y los metemos un día en Hortaleza, donde es fácil encontrar cámaras de televisión, pero también en eso que llaman la España vaciada, que dentro de poco será la España vaciada y violada, y por supuesto en el rural gallego, en donde hay zombies vagando sin tener la menor idea de qué están haciendo allí, ni de qué van a vivir, ni cómo van a cubrir sus necesidades más básicas, sin contar con las necesidades menos básicas, que es la razón que por desgracia hace a muchos salir en los periódicos tiempo después.

Qué discurso tan fascista, por favor, querer que nuestras mujeres puedan salir a la calle sin ser violadas por salvajes. Qué discurso tan racista, qué miserable, qué mala gente somos. Qué carca. ¿Qué dirán de nosotros? Falta poco, muy poco, para que no quede un solo español al que le importe lo más mínimo lo que se diga de él cuando hablamos de oleadas de agresiones sexuales. Y esto alguien debería también decírselo a Feijoo. No me gustaría pensar que, en un asunto como este, pueda más el miedo a lo que opinen cuatro frikis pagados por Sánchez en la televisión pública socialista, que la defensa de la libertad de las niñas que se ven amenazadas cada día en su propio barrio de toda la vida.

Diez ataques contra mujeres en sólo unos días. La España de 2025. Esto se tiene que acabar. Por la supervivencia de nuestras niñas, por la de nuestros ancianos, por la tranquilidad de la inmensa mayoría de españoles de bien, e incluso por respeto a los miles de inmigrantes legales que han venido aquí a ganarse la vida tributando a la nación que los acoge y a sus ciudadanos. 

¿Cuántas violaciones y agresiones más necesita Sánchez, cuántas necesita Von der Leyen, para deshacer está insoportable política suicida impuesta al alimón por Moncloa y Bruselas? Los ciudadanos no necesitamos ya ni una más. Actúen o lárguense de una vez y dejen que otros lo hagan.

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