Pedro Sánchez Pérez-Castejón es el presidente más odiado de la democracia coronada. De hecho, el yerno de Sabiniano no puede pisar la calle sin recibir abucheos e insultos. En Paiporta una vara de plástico rozó su presidencial espalda, dándole la oportunidad de victimizarse y salir por piernas cual galgo. A cierta distancia, en cuanto a la animadversión popular, le sigue Aznar, cuyo bigote se intentó conectar con el de aquel fracasado pintor austriaco al que las urnas alemanas auparon al poder. Y, ciertamente, el paralelismo caló en determinados sectores de la sociedad española. Entre los dos presidentes media, incluso, un nexo canino. Si a Aznar le acompañó la imagen del dóberman, muchos son los españoles que llaman «perro» a Sánchez. Sin embargo, lejos de arrugarse cual shar pei, el presidente ha ironizado con el mote Perro Sánchez y su variante, Perro Sanxe. Total… un apodo bien vale una presidencia. Al precio que sea. O al de la maniobra que sea.
Y en ello están el presidente y el nutrido colectivo de cargos y palmeros que le obedecen con fidelidad perruna. La maniobra se llama alteración del censo electoral y consiste en la nacionalización masiva de descendientes de españoles. Hasta la fecha, el Censo Electoral de Residentes Ausentes (CERA) ha aumentado en 600.000 nuevos votantes que podrán ser decisivos en las elecciones generales que Sánchez convocará cuando le convenga. La coartada para dilatar hasta ese momento la legislatura es que el madrileño se mantiene en La Moncloa… para protegernos del fascismo. La distorsión es mayor si se tiene en cuenta que el reparto de ese censo en las provincias se hará con una calculada arbitrariedad consistente en derivar los flujos de votantes a aquellas circunscripciones donde un puñado de voto puede ser decisivo. Por otro lado, el actual puñado puede convertirse en brazado, pues la cifra de potenciales nacionalizados supera los dos millones de extranjeros. El tiempo obra a favor de esta argucia, razón por la cual P. S., repudiado por más españoles que los que, según López, están con Begoña, busca nuevos y agradecidos electores.
La maniobra, el presunto pucherazo, que ya ha recibido reiteradas denuncias por parte de VOX no ha provocado reacción alguna en un Feijóo que ha adoptado una posición similar a la del bolso que sustituyó a Rajoy en la tarde de su desalojo presidencial. El orensano, que espera que la presidencia del Gobierno caiga en sus manos como fruta madura, dice no querer «poner en duda» el sistema electoral. Por ello, se dedica a hacer cálculos desdeñando los beneficios que pueda obtener el PSOE gracias a uno de los efectos más sorprendentes y prácticos de las leyes memorísticas. Paralizada Génova, en Ferraz ya se ha activado la maquinaria electoral exterior. En la cloaca sobra experiencia, tal y como se ha comprobado tras la publicación de un vídeo grabado en Argentina en 2023, en el que se explicitaba el método con el que Sánchez pretende dar cera a un Feijóo impasible ante el borboteo del puchero.