Resulta cada vez más grosera, por evidente, la operación en ciernes para frustrar cualquier alternativa al bipartidismo. En Ceuta volvimos a ver cosas raritas. Personajes que pulularon durante las manifestaciones contra la amnistía ante la sede socialista en Madrid regresan para dividir la protesta. No aparecen en todo el año, apenas proponen nada con un mínimo de consistencia, pero cuando hay posibilidad de rascar algo en la calle están los primeros para desviar el foco, parasitar causas nobles y frivolizar hasta liquidar cualquier atisbo de seriedad.
Cada vez que hay un estallido social vemos que la revuelta queda diluida. Es un patrón repetido durante décadas, mucho antes de que Arkham Asylum abriera sus puertas a esta caterva de personajes de tebeos, al menos desde que los llamados movimientos cívicos (manitas blancas, ausencia de banderas nacionales, pacifismo vergonzante del «ETA, escucha, aquí tienes mi nuca») contribuyeron a desactivar la ira popular que amenazaba el estatus quo separatista tras el asesinato de Miguel Ángel Blanco.
Ahora no hay un grupo terrorista que ponga a prueba la reacción de la calle, aunque el sistema es igualmente eficaz en la detección de las rendijas por las que el tinglado oficial puede venirse abajo. El poder crea una estructura circular y se apropia de la indignación que él mismo ha creado. En Ceuta los únicos increpados fueron ellos, los reptiles de las cloacas, los CNI boys, y alguno hizo tal ridículo que huyó en un furgón policial (ejem, ejem).
Tras la pasarela otoñal en Ferraz (cómo olvidar el día que, desbordado Marqués de Urquijo, se fueron a rodear el Congreso) asistimos a la pasarela veraniega ceutí, avispero al que frikis de diverso pelaje se acercaron para satisfacer su adicción a la dopamina y cubrir el expediente. El Gotham City cañí está lleno de superhéroes que, como Batman, se cubren el rostro y de repente son Bruce Wayne dando ruedas de prensa. Es todo tan soez que da hasta pudor tener que escribirlo.
Esto es lo que vemos sobre la superficie. Detrás del telón es donde se cuece la opereta. A estas alturas de la obra muchos daban por amortizada a la única opción que podría cambiar las cosas, sin embargo, hace tiempo que arriba se dieron cuenta de que enfrente no está Ciudadanos —puro régimen bañado en colonia—, que salió corriendo de Cataluña. Por eso hay una maquinaria trabajando para que todo siga igual. A tal empeño se fajan con denuedo desde los grandes medios hasta los que fingen disidencia, como el incombustible Losantos. Diarios de papel o digitales amarillentos tienen algo en común: las noticias por encargo destinadas a frustrar la alternativa siempre las firman los mismos.
Otra de las pruebas del algodón del blindaje bipartidista es la política mediática. Gobiernen populares o socialistas en la tele mandan los mismos. La ausencia de pluralidad informativa en la pantalla es mucho más que desproporcionada. El reparto televisivo no responde a la realidad de la calle ni a la aritmética parlamentaria, sino a los intereses de la oligarquía. Movistar ha comenzado a emitir Canal Red, de Pablo Iglesias, y en noviembre La Séptima sale en la TDT. La última vez que el PP estuvo en la Moncloa doña Soraya llamó a los principales bancos de España para que refinanciaran la deuda del Grupo Prisa. Estos son los márgenes del sistema y los invitados al banquete.
Lo más gracioso es que el ecosistema que te expulsa de la televisión luego impone la censura en las redes sociales. Es como despedirte de una empresa e impedir que trabajes en otra. El embudo se estrecha hasta límites norcoreanos, la pulsión censora es tan voraz que lo peor siempre está por llegar. Aún queda el último recurso, el más desesperado, la ilegalización, herramienta que nos devuelve al corazón de Europa. AfD lidera las encuestas en Alemania con un intolerable 30% de intención de voto, así que más de mil juristas proponen ilegalizarlo justo antes de las tres elecciones regionales de septiembre en las que el partido de Alice Weidel tiene serias opciones de entrar por primera vez en un gobierno.
Veremos qué pasa en España cuando al príncipe de las tinieblas y a otros poderosos les entre el tembleque de piernas. Mucho ojo, porque hay cosas que ocurren y no necesariamente tiene que haber una responsabilidad. La frase es del ministro del Interior. En frustrar la alternativa están todos. Pero todos, todos, todos.