«Ser es defenderse», RAMIRO DE MAEZTU
Este artículo se publicó en La Gaceta antes de convertirse en La Gaceta de la Iberosfera, no siendo entonces propiedad de Fundación Disenso.
Socio-Director de Eurogroup Human Resources.Orgulloso de colaborar con Intereconomía desde abril de 2012."""

Biografía

Socio-Director de Eurogroup Human Resources.Orgulloso de colaborar con Intereconomía desde abril de 2012."""

La gran decepción de Ciudadanos a nivel nacional

1 de julio de 2015

¿Ponerse una pinza en la nariz, traicionarse a sí mismos y votar al inmovilismo y a la corrupción institucionalizada del PP? ¿Apostar por aquellos que han permitido que el régimen más corrupto de Europa (Andalucía) pueda seguir instaurado una legislatura más, es decir, Ciudadanos y su equipo de socialistas disfrazados de centristas? ¿Votar a VOX, que probablemente no logre posicionarse ante el electorado como una alternativa de gobierno? 

Otra opción consiste en abstenerse y permitir, de esta manera, que el nuevo Frente Popular del SXXI (integrado posiblemente por el PSOE, Podemos y determinadas formaciones separatistas) “asalte el poder”. En este caso, en España gobernaría Podemos, tanto si el Presidente del Gobierno fuera Sánchez como si este cargo lo ocupara Iglesias. Y nuestro país correría el riesgo de sufrir un “griegicidio” o podría convertirse en la Venezuela europea. 

Indudablemente, los españoles de bien se encuentran ante un auténtico dilema político, “democrático” y, sobre todo, moral. Al respecto, los sabios griegos (evidentemente, no me refiero a los populistas de Syriza sino a los clásicos) decían que la auténtica sabiduría consiste en analizar la naturaleza de un problema y elegir la opción menos nociva…

Si bien es cierto, y en relación a lo anterior, que muchos españoles que apoyaron a Ciudadanos en las pasadas elecciones municipales y autonómicas, creyendo que esta marca política se identificaba con la regeneración y al objeto de posicionar a la misma como una alternativa al bipartidismo corrupto del PP-PSOE, se sienten actualmente decepcionados.

Tanto es así, que el proyecto nacional de Ciudadanos está  fracasando y, por tanto, este partido únicamente sigue teniendo credibilidad en Cataluña.

Y una de las principales causas de ello radica en el erróneo diseño de la estructura político-organizacional de esta formación y, por ende, en su defectuosa estrategia de detección, atracción y selección del talento, puesto que si exceptuamos al líder de Ciudadanos, Albert Rivera, y a otros destacados miembros (entre los que se encuentran, por ejemplo, Inés Arrimadas), el perfil de la mayoría de los nuevos cargos públicos del partido se corresponde con oportunistas y aspirantes a políticos profesionales.

Porque una organización que aspire al liderazgo en su sector debe seleccionar a los mejores, pero por el contrario, Ciudadanos ha hecho caso omiso a esta regla empresarial aplicable igualmente al ámbito de la política.  No obstante, es justo resaltar que, al menos, este partido emergente atesora un capital humano dotado de mejor calidad que la mostrada por el equipo de Podemos, cuyos dirigentes se fotografían orinando en la calle, asaltan capillas, ejercen el antisemitismo vía Twitter, cobran suculentas minutas por asesorar al narco-Estado asesino de Maduro, etc.  

Además, otro fallo estratégico de Ciudadanos está relacionado con su incoherente política de pactos postelectorales, tanto en cuanto esta formación ha exigido a Cifuentes en Madrid cumplir un código ético mientras que, paralelamente, concedía un cheque en blanco a Susana Díaz en Andalucía. Del mismo modo, la formación de Albert Rivera en Castilla La Mancha no ha tenido reparos en pactar con Podemos-IU (y el PSOE) para echar al PP del poder en la Diputación de Toledo, siendo esta lista la más votada.     

Aunque la prueba que certifica el fracaso (hasta la fecha) del proyecto nacional de Ciudadanos está basada en el escasamente ejemplar comportamiento, a nivel municipal y autonómico, de los nuevos cargos públicos de Ciudadanos, aceptando íntegramente cada uno de los privilegios de la casta e, incluso, permitiéndose la licencia de exigir (concretamente, en el caso del grupo municipal de este partido en el Ayuntamiento de Madrid), la contratación de más asesores. ¿Esta es la regeneración de la vida pública que nos vendió Ciudadanos?

En definitiva, la conclusión que extraen muchos españoles es que Ciudadanos, de momento, no ha interpretado realmente el mensaje regenerador que los ciudadanos están tratando de comunicar a los partidos políticos.

Tanto en cuanto, el gran problema económico de España es de origen político (el mismo que ha conducido a Grecia al default), y este no es otro que el parasitismo de una casta político-sindical extractiva, que expolia fiscalmente a los ciudadanos al objeto de mantener un macro Estado políticamente inviable y económicamente insostenible.

Puesto que la dictadura público-política autonómica y administrativa implementada en nuestro país por la partitocracia, y con el objetivo de mantener los inmorales e inmerecidos privilegios de la casta, ha convertido a los españoles en esclavos fiscales y laborales. 

Y si los nuevos cargos públicos de Ciudadanos no son capaces de predicar con el ejemplo, renunciando a determinados privilegios y haciendo un guiño  a los españoles, este hecho significa que no tienen ninguna intención de abanderar la regeneración democrática en España.

Ciudadanos ha desarrollado una grandísima labor en Cataluña, pero el proyecto de este partido en clave nacional está mal planificado desde el inicio.

 

 

 

 

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