«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
Nació en Madrid en 1975. Es Doctor en Periodismo por la Universidad San Pablo CEU. Ha dedicado casi toda su vida profesional a la radio. Ha publicado los libros "España no se vota" y "Defender la Verdad", "Sin miedo a nada ni a nadie" y "Autopsia al periodismo".

Invasión de criminales

9 de septiembre de 2026

Hay una reflexión pendiente de hacer desde el pasado 30 de julio con respecto a la invasión de Ceuta. Algo que está «en el imaginario colectivo» y que, por tanto, se da por entendido, pero que casi nadie se atreve a verbalizar porque es políticamente incorrecto. Obviamente, porque el Viejo Mester de Progresía nos ha acostumbrado a decir solamente aquello que es grato a quienes nos lo están robando todo; a quienes nos están dejando, literalmente, en pelota picada: sin renta, sin derechos, sin pensiones, sin viviendas y sin patria.

¿Cuál es el mayor problema que tienen los ciudadanos de Ceuta? El mayor problema es la inseguridad. Y la causa de esa inseguridad, ¿cuál es? ¿Que vengan miles de personas provoca inseguridad? No. Llamemos por fin las cosas por su nombre: la incivilización de los que vienen es lo que provoca delincuencia e inseguridad ciudadana. El problema no es si son 70.000, 80.000 o 100.000; el problema es que son unos salvajes. Y que son, evidentemente, de una «civilización» inferior a la nuestra. 

Cualquier análisis político o social que se haga sobre la invasión, y que no tenga en cuenta este aspecto, se quedará inevitablemente en la superficie del asunto. Ha venido fundamentalmente gentuza. Criminales indultados por el sultán, algún yihadista, contrabandistas de drogas, ladronzuelos de poca monta…En fin, gentuza. Que haya alguno bueno, noble y decente, entre los 80.000 que vinieron, solamente confirmará la regla. Es un ejército de delincuentes que ha llegado a España para tratar de quitarnos una ciudad que es nuestra, y de paso, vivir del delito, que es lo suyo, y de las pensiones que les regala Sánchez. 

De modo que los ceutíes no viven acojonados y temerosos desde hace cinco semanas porque sean racistas con los moros, no señor. No lo han sido nunca y no lo son ahora. Que un tercio de ellos tenga decidido venirse a vivir a la península no se debe a que le tengan manía a los marroquíes, no. Es porque no se puede vivir en un lugar donde hay más delincuentes que personas honradas. Nadie puede vivir así. Y no habrá nunca agentes de policía suficientes para proteger a las familias españolas o europeas de tamaña barbaridad.

De manera que dejémonos ya de medias tintas y de discursitos progres que eluden la cuestión central: no hay ninguna posibilidad de integrar a decenas de miles de delincuentes en una sociedad. Es imposible. Naturalmente, Mohamed VI lo sabe muy bien; y Pegasus ha sido el aliado perfecto para meter su caballo de Troya en Ceuta en el momento justo. Cinco semanas después, con las calles y las playas llenas de tiendas de ilegales, algunos periódicos han sacado ya el asunto de sus portadas. Prueba conseguida. 

¿Qué padre deja que su hija salga sola de noche sabiendo que en la calle hay cientos de violadores?, ¿qué familia lleva a sus chavales al parque, sabiendo que están llenos de mierda, de drogas, de botellas rotas, de navajas? No se dejen confundir ni engañar por la secta progre, aliada natural de nuestros enemigos. Aquí no hay racismo de ninguna clase. Aquí hay una invasión promovida por un tirano con ansias expansionistas que utiliza a un ejército de criminales para quitarnos Ceuta y Melilla. Y enfrente, la nada más absoluta. 

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