La decadencia empieza en la educación
La decadencia empieza en la educación
Por Xavier Rius
20 de septiembre de 2025

Los últimos acontecimientos confirman lo peor: la educación está hecha una mierda. Perdonen la expresión. Es una cosa en la que los catalanes tenemos experiencia. Durante treinta años nos dijeron que la escuela era un «modelo de éxito». A mí me salía hasta por las orejas de tanto oírlo.

A  pesar de que, en realidad, estamos debajo de todo en el informe Pisa. En matemáticas, ciencias y lectura. E incluso por debajo de la media de los países de la OCDE. No ha parado de bajar desde el 2018.

Uno de los problemas era, sin duda, la politización. El 28 de septiembre del 2017, centenares de directores de instituto y profesores fueron al Palau de la Generalitat para entregar simbólicamente las llaves de los centros a Puigdemont con el fin de que pudiera organizar el famoso «referéndum» del 1-O.

 No obstante, me temo que la situación en el resto de España está igual o peor. Lo digo porque han tenido que prohibir incluso las banderas palestinas en las escuelas de la Comunidad de Madrid. Qué menos. En los centros públicos —que pagamos entre todos— deberían estar prohibidas todas las banderas. Excepto las oficiales, claro.

La oposición ha aprovechado la oportunidad para hacer bandera del caso, nunca mejor dicho. Manuela Bergerot, de Más Madrid, ha preguntado a Ayuso que «me diga cuántos asesinados necesita para ponerse del lado correcto». Esto del lado correcto, que lo van diciendo profusamente, también lo decía el entonces presidente de la Generalitat Quim Torra. Se lo han copiado.

Mientras que Mar Espinar, del PSOE, ha exhibido una bandera palestina y la ha equiparado nada más y nada menos que a la “bandera de la paz”. Incluso ha afirmado que los que no compartimos las críticas a Israel —Hamás todavía tiene rehenes en su poder casi dos años después— somos gente «sin corazón, sin humanidad, sin dignidad». Con el proceso, los «indepes» también deshumanizaban al contrario.

Sin embargo, como les contaba, en Cataluña no vamos a la zaga. He descubierto en las redes que una maestra de la Generalitat está embarcada en la flotilla. Para orgullo también de su sindicato, USTEC-STEs, el mayoritario entre el personal docente. ¿Cómo no va a estar mal la educación en Cataluña? Justifica su participación en «solidaridad» hacia el pueblo palestino, la «inacción» de los gobiernos y la defensa de los «derechos humanos».

Hasta habla en nombre del pueblo. «El pueblo nos hemos organizado para decir basta», afirma. En plan populista. Mal asunto cuando asumen la representación popular porque para eso están las elecciones. Finalmente, acaba hablando de «genocidio» y de «apartheid». Pero lo más preocupante, y que confirma mis temores, es cuando manifiesta que “la comunidad educativa, tenemos una responsabilidad tanto dentro de nuestras escuelas, en nuestras aulas, como fuera”. Casi me he hecho a temblar: ¿qué les explican a los niños? Lo que no sé es si ha renunciado al sueldo para la travesía porque, que yo sepa, ya ha empezado el curso escolar.

El jueves, por otra parte, sindicatos de estudiantes cortaron la Diagonal en hora punta para protestar contra la «masacre» de Gaza. Mi solidaridad siempre, en estos casos, con los sufridos conductores. Porque el derecho a manifestación —el único que nadie se ha atrevido a desarrollar por ley, no vayan a enfadarse los sindicatos— no debería entorpecer el derecho a la libre circulación del resto de las personas. Además, lo que tienen que hacer los estudiantes es estudiar. No cortar calles. Qué jodida tienen ya su inserción laboral. Hace años ya había cubierto alguna protesta en la que los alumnos gritaban: «¡Fuera las empresas de la universidad!»… ¿Cómo van a encontrar luego trabajo?

Y, finalmente, les voy a comentar una noticia de la Universidad Autónoma de Barcelona. Para que vean también que la degradación llega a lo más alto. La UAB permitirá cambiar de género a los alumnos en su ficha «sin explicaciones» y «tantas veces como quieran». No voy a entrar aquí en el debate de los cambios de sexo. A pesar de que yo, por edad, soy de la vieja escuela. Cuando los de Hazte Oír hicieron circular aquel autobús con el lema «Los niños tienen pene. Las niñas tienen vulva» volví a mi infancia. Es lo que me decían de pequeño para distinguir. Creo que, en este caso, hasta les prohibieron el paso en Barcelona.

En fin, que cada cual haga con su cuerpo lo que quiera. Siempre que no sea delito. Pero cambiar de sexo «tantas veces como se quiera» es una banalización de una cosa muy seria. A partir de ahora, eso dependerá de si la chica más guapa de la clase va al lavabo o de intentar colarse en la residencia de chicas. Si todavía hay sólo residencias solo para chicas, que lo desconozco.

El problema de fondo es que la decadencia de las sociedades empieza en la educación. Los británicos, en la Primera Guerra Mundial, hicieron un buen papel porque muchos de sus oficiales habían pasado por Eton y otras escuelas de élite. De los más de 5.000, alrededor de un millar dieron su vida por su país. Y así no levantaremos cabeza. Estamos asistiendo, impertérritos, a la muerte de la Vieja Europa… pero no es una muerte por inacción, es un suicidio.

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