«Una semana o diez días». Ese fue el plazo que apuntó Víctor Moreno Catena, abogado defensor de José Luis Rodríguez Zapatero, para aclarar el origen de las joyas descubiertas en una caja fuerte del despacho del impulsor de la Alianza de Civilizaciones. El tiempo se ha cumplido ampliamente y los papeles siguen sin aparecer. Desvanecida la idea deslizada por el ZP a finales de mayo de que el tesorillo procedía de una herencia familiar, el caso de las joyas ha alimentado el chascarrillo y la ocurrencia, recursos que aún atesora nuestra sociedad. Cómo no recordar la tesis que afirmaba que las alhajas habían aparecido en un pródigo roscón de Reyes. La alusión a la corona navideña nos pone mirando a Arabia, tierra de acogida para majestades ávidas de presentes y comisiones.
Convertidas en carne de pitorreo, valoradas en 30.000 euros por Luis Arroyo, presidente del Reñidero de Madrid, no ha de olvidarse que las joyas forman parte de la imputación de la que es objeto por el caso Plus Ultra, del que esas piedras y metales no son sino un destello. La preciosa punta de un iceberg teñido de petróleo. También de sobres.
Sobres como los que guardaba Julio Martínez, administrador principal de Análisis Relevante, en su domicilio con 286.070 euros en su interior. Sobres como ese del que hemos tenido conocimiento hace unos días cuyo destinatario era Pedro Sánchez, al que tan buenos servicios ha hecho Zapatero. En efecto, según reveló El Mundo, en enero de 2025, ZP ordenó a su secretaria, Gertrudis Alcázar, entregar en mano a Sánchez un sobre en cuyo interior iba un informe que informaba de las negociaciones mantenidas con Puigdemont y sus cortesanos después de que Cerdán fuera apartado de esa tarea por los motivos que todo el mundo conoce.
Con el contubernio socialista-juntero paralizado, ZP, espejo de Pedro Sánchez, fue el escogido para retomar el mercadeo con los golpistas. Su perfil era ideal, Zapatero fue quien hace dos décadas dio alas al secesionismo siempre apuntalado por el PSC. Según se ha revelado, en el documento figuraban las exigencias de los del fugitivo de Amer: la oficialidad del catalán en Europa, la publicación de las balanzas fiscales con el supuesto déficit que padece Cataluña y la transferencia de las competencias de inmigración a Cataluña. Tres viejas peticiones orientadas a dar un nuevo impulso a las estructuras de Estado de Cataluña que persiguen los secesionistas siempre al quite, nunca mejor dicho, del cortoplacismo que tiene sedes en Ferraz y en Génova.
Si las joyas han desatado una oleada de montajes fotográficos y vídeos jocosos, el asunto ensobrado ha pasado inadvertido. Una descompensación significativa que invita al pesimismo pues amplios sectores del cuerpo político español permanecen indiferentes ante el chalaneo con los secesionistas. Escandalizados ante la codicia de quien definió a los socialistas como aquellos que tienen muy poco pero están dispuestos a dar mucho, muchos españoles han sido cegados por el brillo de unas alhajas sin entender que el gran robo es el que circula en sobres cuyo destinatario pernocta en La Moncloa.