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Enrique García-Máiquez (Murcia, pero Puerto de Santa María, 1969). Poeta, columnista y ensayista. Sus últimos libros son 'Verbigracia', (2022) poesía completa hasta la fecha; y 'Gracia de Cristo' (2023), un ensayo sobre el sentido del humor de Jesús en los Evangelios
Enrique García-Máiquez (Murcia, pero Puerto de Santa María, 1969). Poeta, columnista y ensayista. Sus últimos libros son 'Verbigracia', (2022) poesía completa hasta la fecha; y 'Gracia de Cristo' (2023), un ensayo sobre el sentido del humor de Jesús en los Evangelios

Matrioskas

19 de junio de 2024

El Puigdemont de la Unión Europea es Pedro Sánchez. ¿En qué sentido? En el peor. Ursula von der Leyen necesita los votos del partido socialista para soslayar la contaminación de pactar con las derechas, que es algo superior a sus fuerzas (en todos los sentidos). Y dentro de esa muñeca socialista europea, Sánchez es un muñeco de mucho peso, pues saca más votos que ninguno de sus conmilitones y conmilitonas.

Esas mecánicas de muñecas insertas dan el resultado de Sánchez como un Puigdemont más gordo. Prácticas absolutamente inconstitucionales o ilegales o contrarias a la buena praxis o, mejor dicho, todo a la vez, se pasan, se amnistían o no se persiguen por la pulcra Europa por el simple hecho de que se necesitan los votos de quien las perpetra. Otro gallo cantaría de hacerlas Orbán, como es obvio. Es exactamente el mismo juego que aquí con Junts: impunidad a cambio de votos. Por 20 eurodiputados de Sánchez, Von der Leyen tiene el rigor democrático roto.

No importa que Sánchez amnistíe algo tan burdo como la malversación de fondos públicos, que es lo que más importa en la UE, los fondos, ni tampoco que perdone delitos y haga asaltos a la independencia de la justicia que dejan en borrajas a los de los polacos, que tanto revuelo armaron. Da igual todo. Ursula mira para otro lado: por un puñado de votos —veinte—.

El mensaje es todavía más inquietante que el hecho, siendo el hecho tétrico. Porque demuestra que en la postmodernidad ya sólo importa el nudo poder. Quien te puede dar el poder, te puede. Y como no interesa nada más, te puede del todo. Las matrioskas: Puigdemont dentro de Sánchez, Sánchez dentro del grupo socialista, los votos socialistas dentro de Von der Leyen, que, en última instancia, depende, quién lo iba a decir, del pequeño Puigdemont.

¿Y hay una matrioska chiquitita, dentro de todos, Von der Leyen, Sánchez y Puigdemont? Sí. Feijoo. Que con los votos que pidió a los españoles para enfrentarse a Sánchez (¡voto útil para enfrentarse a Sánchez!) va a alimentar —por eso está dentro del todo— el estómago de Von der Leyen, que a su vez alimenta a Sánchez, desinteresándose de la amnistía y de los negocios turbios y de todo lo demás. Eso por 20 votos. Por siete, Sánchez tiene dentro una tenia solitaria que lo devora todo… Puigdemont, al que le da lo que pide.

¿Por qué Feijoo no se planta y condiciona sus votos (que son dos más que Sánchez) a que Ursula se niegue a encubrir a Pedro Sánchez? Cumpliría con el mandato que le han dado los españoles y con lo que les ha prometido a sus votantes para pedirles apoyo. Y salvaría la dignidad nacional. Y la suya.

Parece, sin embargo, que no hay manera, y que, al final, como en un juego de matrioskas todas encajan a la perfección unas dentro de otras, tan contentas, con la misma cara y el mismo trajecito. Con las mismas políticas para el campo y a favor de la emigración. Y las elecciones no han servido para nada, salvo para desmontar el mecanismo y ver otra vez con nuestros propios ojos como lo vuelven a montar.

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