Memoria histórica
Memoria histórica
Por Enrique García-Máiquez
28 de octubre de 2026

«Hay mucho que explicar del pacto para el Senado entre el PP y Vox», me piden. Tal vez de matemáticas electorales, sí, pero de filosofía política no tanto; y yo soy, además, de letras. Quiero decir que sí, que tiene que quedar clara la mecánica de las sumas, sobre todo en las provincias donde Vox presenta un único candidato. En las que hay dos candidaturas completas, ya pasamos —con permiso de las matemáticas avanzadas— a la filosofía y, por tanto, cada cual votará a la suya (a su filosofía).

En las provincias donde Vox ha retirado su lista y el PP, en correspondencia, ha admitido en la suya a un candidato independiente, pero de Vox, la cosa resulta tan generosa como ambiciosa. Generosa entre los dos partidos y ambiciosa frente a la estrategia de las izquierdas de asaltar el Senado con su pacto.

Yendo yo como independiente, aunque por Vox (osado oxímoron), en las listas del PP por Cádiz, no puedo dejar de recordar otra candidatura de unión. Fue la de la Unión Ciudadana y Agraria que, en las elecciones de 1933, reunió a los monárquicos alfonsinos, los carlistas de toda la vida, los de la CEDA y a José Antonio Primo de Rivera, justo como independiente. En aquella ocasión, el marqués de Estella obtuvo su escaño y también, con él, mi queridísimo José María Pemán.

Este cuenta en sus memorias que, ya en 1930, en otra campaña por la provincia que quedó en nada, «por el camino, José Antonio, Pemartín y yo íbamos haciendo versos». De aquellos viajes conservamos unos que, según contó Pemán en 1968, le dedicó el propio José Antonio al regresar de Villamartín: «Jerez. Mayo. Mucha luz; / un ex alcalde andaluz, / dos poetas de postín, / un auto que viene y va. / ¡Parra verde de Alcalá! / ¡Niñas de Villamartín!». Se nota, leyéndolos, lo bien que se estaba a la sombra de aquella parra y la gracia que tenían las chicas de Villamartín y que aquellos muchachos supieron apreciar como merecían.

Pemán cuenta también algo más político de aquellos primeros recorridos. Los partidarios de Miguel Primo de Rivera esperaban que el hijo hablase como el padre, pero José Antonio les proponía revolución y justicia social, para desconcierto de los notables. En las listas de unidad las diferencias son esenciales.

Tanto empeño socialista de retrotraernos a los años treinta nos ha traído de vuelta aquel ejemplo de la UCA, que permitió que tuviésemos en el Parlamento (¡por Cádiz!) a dos de los grandes oradores de nuestra historia. Las diferencias entre el PP y Vox las vemos claras, claro; pero tampoco eran mancas las que había entre tradicionalistas, alfonsinos, accidentalistas de la CEDA y el incipiente José Antonio. Sin embargo, supieron unirse por un bien mayor, que era España.

Que sigue siendo España. Negociar y acordar es esto. Si solo se acordase con los idénticos, no habría diálogo, sino monólogo. Salvar las diferencias no significa olvidarlas, sino ponerlas a salvo y en tensión para sacar del roce lo mejor para todos. Desde la lista del PP, donde nunca imaginé que estaría, agradezco la hospitalidad de los populares y las renuncias de Vox. El pacto empieza por ahí: por reconocer cada uno lo que el otro ofrece. Bastantes votantes también harán sus sacrificios, lo que les honra, y otros, felices, podrán votar a dos manos lo que siempre habrían querido. Unos y otros estarán poniendo las bases de un entendimiento mayor entre dos partidos distintos, por el bien de una sola España. El peso de cada partido y sus contrapesos se medirán en las urnas, pero ya ha quedado fijado un interés nacional prioritario. Esto ya no es memoria histórica. Es imaginación histórica, igual de necesaria. Y ahora más.

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