«Ser es defenderse», RAMIRO DE MAEZTU
Enrique García-Máiquez (Murcia, pero Puerto de Santa María, 1969). Estudió Derecho en la Universidad Navarra y lo enseña en un instituto de secundaria de Puerto Real. Ha publicado seis libros de poesía, recogidos en 'Verbigracia' (2022), tres dietarios (el más reciente, 'Un largo etcétera', 2017), tres colecciones de sus columnas periodísticas (la última, 'El burro flautista', 2019), dos libros de aforismos, 'Palomas y serpientes' (2016) y 'El vaso medio lleno' (2021). Ha traducido a Mario Quintana, a G. K. Chesterton, en prosa y en verso, y el Tomás Moro, de William Shakespeare, nada menos, y de otros. Codirigió la revista literaria “Nadie parecía”.

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Enrique García-Máiquez (Murcia, pero Puerto de Santa María, 1969). Estudió Derecho en la Universidad Navarra y lo enseña en un instituto de secundaria de Puerto Real. Ha publicado seis libros de poesía, recogidos en 'Verbigracia' (2022), tres dietarios (el más reciente, 'Un largo etcétera', 2017), tres colecciones de sus columnas periodísticas (la última, 'El burro flautista', 2019), dos libros de aforismos, 'Palomas y serpientes' (2016) y 'El vaso medio lleno' (2021). Ha traducido a Mario Quintana, a G. K. Chesterton, en prosa y en verso, y el Tomás Moro, de William Shakespeare, nada menos, y de otros. Codirigió la revista literaria “Nadie parecía”.

Mil palabras

15 de junio de 2022

Tengo una relación muy ambivalente con la expresión: «Una imagen vale más que mil palabras». Si se refiere a una fotografía, casi siempre estoy en contra, y mucho más si la foto es mía, en cuyo caso las palabras son siempre mejores, sin duda. Sin embargo, si es una imagen poética, un símbolo, que condensa el sentido, entonces sí que vale más. Las contadas palabras de una imagen precisa valen más que las mil y pico de explicaciones y circunloquios. Ése es el secreto —o uno de los secretos, porque la música verbal también vale lo suyo— de la poesía, que en sus mejores momentos es escueta e insondable.

Es un segundo, un puñado escaso de palabras, casi nada, pero en el gesto se simboliza lo que es el PP

Lo he recordado viendo el segundo debate de las elecciones andaluzas. En un momento, la izquierda afea a Juanma Moreno que no haya usado (como lleva haciéndolo todo el tiempo) el llamado lenguaje inclusivo, y él, demostrando que tiene muy interiorizada la actitud, humildemente pide disculpas y rectifica su expresión de inmediato. Es un segundo, un puñado escaso de palabras, casi nada, pero en el gesto se simboliza lo que es el PP. Regalarle el marco ideológico y verbal (si fuesen cosas distintas) a la izquierda a la primera de cambio y con sentimiento de culpa, además.

Incluso en casos como éste en que tanto la Real Academia como los estudiosos y escritores se han aburrido de decir que el lenguaje con los géneros duplicados es un espanto. Es innecesario. En el uso genérico del masculino gramatical no hay discriminación, sino buena sintaxis y sentido común. Pero ni en casos tan seguros como éste se revuelve el PP.

¿Qué fondo estamos dispuestos a sacrificar a cambio de no molestar ni en las formas a quien está deseando molestarse por lo mínimo y a molestarnos lo máximo?

Juanma Moreno, aún menos. No me duelen prendas en reconocer que el candidato del PP está sacando petróleo electoral a su diplomatura en protocolo. Muchos potenciales votantes le valoran sus maneras mullidas. Bien por él, pero quizá por eso la imagen de la apología por usar bien el español sea aún más significativa. ¿Qué fondo estamos dispuestos a sacrificar a cambio de no molestar ni en las formas a quien está deseando molestarse por lo mínimo y a molestarnos lo máximo?

Lo mejor de la imagen poética es que, más que verla, nos permite ver. A partir de ese momento de Juanma, del «señores, no, perdón, señores y señoras», todo queda más claro. 

Como cuando Macarena Olona le afeó al presidente de la Junta los libros de texto que hablan y animan a la masturbación de niños (y niñas, ejem) de once años. Fue otra imagen, más nítida, gracias a la precedente. 

Moreno no podía negarlo, pero tampoco podía defenderlo; y Teresa Rodríguez, la de la izquierda de la izquierda, le afeó con mucho tino que no fuese capaz de defender sus propios libros de texto. Ella, por supuesto, sí que se marcó una loa de la masturbación propia y de la de los niños ajenos que dio la verdadera envergadura del problema hacia el que Moreno hacía sonrisas sordas.

Moderado es el que mantiene cosas que no es capaz de defender; pero así se ahorra las molestias

Sonrisas sordas es lo que viene siendo el centro y la moderación. Adiviné entonces un paradigma. Moderado es el que mantiene cosas que no es capaz de defender; pero así se ahorra las molestias. La persona con principios empieza por defender las cosas, aunque tema que no será capaz de sostenerlas. O sí. Las defiende porque son justas, o hermosas, o verdad. Si van a ser derrotadas, merece la pena ser derrotado con ellas. Y ataca, por supuesto, las injustas, las feas, las mentirosas, pueda con ellas o no. Puede sonar abstracto; véase en la práctica. El Gobierno de Juanma Moreno ha expuesto a los niños a un contenido que él no se siente con estómago de justificar en público, y que despierta el entusiasmo casi transido de Teresa Rodríguez, la de la izquierda de la izquierda de la izquierda del PSOE. Ya ven: otra imagen.

Se vio en el debate. El encuentro cumplió su misión pública. Creo que cada uno de los seis candidatos puso sobre la pantalla lo que llevaba dentro y que los electores tienen suficientes criterios de juicio. No tanto por lo mucho que se dijo (las mil palabras), sino por las imágenes, que, aunque pocas, valen más. Y ahora, a ver.

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