Modelo de país
Modelo de país
Por Hughes
3 de noviembre de 2026

Se han puesto de moda los gráficos. Y entre los gráficos,  unos que consisten en rankings dinámicos, cada país es una barra y con el tiempo crece o decrece, sube o baja.

Si uno observa el de inmigración y el de turismo, puede ver que España asciende al liderazgo mundial en ambos. España ha llenado el país de gente. Turistas o inmigrantes. Y a esta gente, una vez dentro, había que moverla. Y para moverla estaban, entre otras cosas, los trenes. Los trenes se liberalizaron, aumentaron su oferta. Hasta ahí todo bien. El problema es que la parte pública sobre la que se presta el servicio, no acompañó el crecimiento. No se destinó más a mantenimiento, sino menos (aquí, como con el salario, hay que ir a lo real y por viajero). Y España acabó como esos individuos que hipertrofian su torso en el gimnasio y son sostenidos por dos patillas de alambre: los trenes del AVE, envidia del mundo, terror de sus tripulantes. Arriesgada Velocidad Española.

En menos de un año, dos masacres nos han servido para conocer los muchos problemas de la actividad. Hace unos días, el Diario de Cádiz entrevistaba al ingeniero que programó el sistema de seguridad LZB. Por supuesto, por muchos motivos iba a defender el sistema, pero añadió algo de valor: la inestabilidad del abastecimiento eléctrico puede causar su caída. Con esto, ya estamos todos. En la tragedia de Urda es posible que haya fallo humano (infantil también la tendencia a negarlo, cuando puede ser consecuencia o expresión de un fallo sistémico), pero sabemos que a los problemas de mantenimiento o presupuestarios, la politización de los organigramas (parasitismo del partido), la burocratización en la ejecución de contratos y la sospecha de corrupción, se une ahora el problema de la energía. Como diría Trump: «Lo siento, cariño. No puedes ver la televisión, ¡el viento ha dejado de soplar!».

Hay otra duda fundamental. ¿Por qué España no destinó dinero suficiente a mantener y sanear unos trenes que tenían que sostener el salto del modelo «productivo» hacia el aumento de población flotante? Porque España, la España de Sánchez, ha batido récords de población y de turismo en el último año: a la vez 50 millones de habitantes y 100 millones de visitantes. O sea, 150 millones de personas, lo que situaría a España entre Rusia y Bangladesh. Una superpoblación velada y flotante que tenía que ser movida con unos trenes que se abandonaron.

Se supone que los fondos europeos se tenían que destinar a eso, a sostener ese «proyecto de país» del que nos habla el PSOE (y que compartían el PP y las desesperantes elites monárquicas y duopólicas). Pero no se puede sostener porque no hay dinero (crisis de sostenibilidad del Estado Clientelar de Malestar) o porque había pero se esfumó. ADIF es el mayor beneficiario absoluto de los fondos Next Generation.

Esta situación se quiere oponer a un idílico 92 en el que nace el AVE con optimismo europeo y ferroviario. Nació ya herido porque era un ciclo acabado de corrupción. Esta crisis no es opuesta a aquella, es hija, heredera y clara consecuencia.

El AVE tenía que vertebrar España y comunicar a lo mejor de su población y ha acabado matándola. Si continúa así seguirá masacrando españoles. La España de profesionales, de gente dinámica que va y viene a trabajar o a estudiar o a pasar el fin de semana. El AVE tenía algo de premio, de pasarela de excelencias y se ha convertido en un masacre rodante de españoles. La máquina simbólica extractiva de fulminar españoles, por otro  lado, una costumbre: hemos visto atentados, carnicerías, un COVID terrorífico, danas, catástrofes varias y faltaba el tren de la bruja partitocrática y sociata masacrando españoles en su amasijo de hierros.

La imagen de los trenes despanzurrados en medio del campo queda para los restos. Bajo los cielos luminosos, en un campo tranquilo, españoles reventados de una forma aleatoria, absurda y cruel. Estas en el tren, miras por la ventanilla: campo, campo, olivo, nada, campo, campo, cielo… aquí puedo morir. Queda el consuelo de que en cada pueblo español hay un gran centro cultural o un polideportivo, hecho con fondos europeos, donde improvisar una morgue convincente. ¡Ese era su sentido!

Si no tuviéramos sol, España sería horrible. Imaginen esto sin la luz, el brillo, el mediodía… Júzguenlo en lo estrictamente humano. Si España estuviera siempre nublada, encapotada, ¡qué infierno en la tierra sería!

Todos los males del dichoso 78, todos, están en el AVE: problemas de abastecimiento eléctrico por una energía ideologizada, una politización tontocrática en los mandos, falta de inversión suficiente por corrupción galopante o insuficiencia presupuestaria, o sea, o crisis moral y política o crisis de sostenimiento del Estado. O las dos.

Reconcentrado simbolismo en todo. Hasta el sistema de seguridad es alemán, y solo lo tenemos nosotros y ellos. Nuestros trenes, como nuestras ideas constitucionales y filofósicas, parecen una mera transposición alemana y ahora no sabemos qué hacer, salvo trasladar lo que estipule Bruselas, que, indeseable y todo, nunca termina de llegar por expedientes insondables de corrupción.

Pero volvamos al inicio. No hubo una España exitosa en el 92. Ahí se pudría el fruto ahora ulcerado de gusanos. Ahí se certificaba una crisis, un desencanto español que echó unos trenes a andar. Los más rápidos que «haiga». País fantasma, inconsecuente y fanfarrón. Lo que salió de eso, de ese ir y venir sus mentes pensantes en trenes, de tantos y tantos trayectos, no fue otra cosa que un «modelo de país» que aplaudido por todos iba a consistir en una especie de estrategia de superpoblación, como una variable pobre o serie B del globalismo. Ya somos Hispanistán (felicidades) y ciertamente hay casas y trenes suficientes (tras burbujas de una cosa y de la otra). Pero las primeras no son accesibles, y los segundos no pueden circular a más de 40 km/h sin riesgo serio de acabar decapitado por la bandeja de dejar las maletas. País inhabitable e intransitable.  

TEMAS
Noticias de España