Abascal sufrió en Tarragona un intento de agresión que pese a ser abortado dejó una impresión de inquietud. El guardaespaldas reaccionó con una mano de Courtois, pero el individuo se acercó mucho. No pasó nada, pero demostró lo cerca que estamos de que pueda pasar.
La izquierda española produce individuos capaces de violencia, es un hecho histórico, pero España ya no es solo su izquierda. Desde hace tiempo, y en los últimos años de un modo desaforado, han entrado millones de personas y entre tantos millones, ha podido entrar cualquiera. No es descartable que España esté infiltrada ya de elementos violentos y actuantes de otros países.
Qué paranoico, dirán. Quizás, pero solo hablo de cuestiones posibles y de algunas evidencias. Abascal representa a unos millones de españoles cuya voz lleva, como mínimo, medio siglo sin escucharse. Que haya sido así es por algo, y si han existido las fuerzas dedicadas a silenciarlo, ¿qué nos hace pensar que ya no existan, en un país, además, abierto de par en par a sus enemigos?
Después de sufrir el desagradable episodio del cernícalo antifa, Abascal dijo ayer una cosa importante: advirtió de que nada se ha ganado, Sánchez es un peligro y queda partido.
Si hoy sufrimos a Sánchez es por la estrategia mediática del PP en las últimas elecciones. El efecto Losantos-Michavila, podríamos llamarlo. En la actualidad, puede volver a suceder. Pueden pasar muchas cosas y una de ellas es que la izquierda se movilice y que el Tribunal Constitucional haga «su trabajo». Quienes aprobaron la Ley de Amnistía no verán un gran problema moral, y menos aun jurídico, en dar una patada adelante a cualquier legislación, mucho menos si tiene el marchamo de la memoria democrática. Si han llegado hasta aquí, no es para andarse ahora con remilgos.
España se juega cosas importantes. Se juega el tipo, para empezar. Lo sensato es esperar que las fuerzas que vienen tirando de ella concurran en semejante momento. Y no es posible descartar la violencia porque la violencia nunca se abandonó en la España política.
La creciente seriedad de Abascal no es gratuita. Su tono se distingue del resto, y cada vez más. Se percibe una mayor gravedad, una severidad que está a la altura de los acontecimientos. Lo que se ven y los que se pueden esperar.