Mossos de juguete
Mossos de juguete
Por Xavier Rius
12 de noviembre de 2025

El pasado día 6 de noviembre, el alcaldable de VOX por Barcelona, Gonzalo de Oro, estuvo a punto de ser agredido. El partido había montado una parada informativa en la Plaza Huesca de Barcelona. No lejos de la Estación de Sants. Como, por otra parte, es su derecho. Sólo faltaría. Tuvieron que ser protegidos por los Mossos. Fueron acosados por un grupo de «antisistema» al grito de «¡fuera, fascistas, de nuestros barrios!». Se piensan que las calles son suyas. Es otra funesta herencia del «procés». Cuando coreaban: «Las calles siempre serán nuestras».

No, las calles son de todos. El respeto al espacio público debería ser sagrado. El derecho a participación política es fundamental. Y, en democracia, la fuerza se mide en votos; no en manifestantes. No he visto nunca, por ejemplo, a ningún militante de VOX quemar contenedores. Es que ni siquiera una papelera. En cambio, no puedo decir lo mismo de los «indepes».

Como se sabe, durante el citado proceso, ocuparon el aeropuerto, interrumpieron el servicio del AVE, cortaron la AP-7, bloquearon la frontera internacional de La Jonquera durante tres días y quemaron un montón de contenedores de basura en pleno centro de Barcelona, entre otras fechorías. Todo ha quedado impune con la amnistía. En las imágenes que colgó VOX en su perfil de X se veía cómo los manifestantes les insultaban a corta distancia. Separados sólo por un delgado cordón de los Mossos d’Esquadra. Pero si algún militante les devolvía el cumplido, los agentes le recriminaban la actitud o le decían que circulara.

Entre los afectados vi incluso a alguna cara conocida. Como Miguel Martínez, consejero municipal en el distrito de Sants-Montjuïc. Le conozco desde hace tiempo porque fue el impulsor del canal de YouTube de Dolça Catalunya y presentaba su programa estrella, L’Hora Dolça.

Antes de su fichaje en junio del 2023, había sido asesor de comunicación de Valents, el partido de Eva Parera, según la nota de prensa difundida entonces. Con él, yo siempre hablo en catalán. Bueno, con él y con Ignacio Garriga, Joan Garriga, Juanjo Aizcorbeo Julia Calvet, por citar algunos dirigentes o diputados de VOX.

Tres días antes había presenciado in situ otro episodio que revela la ineficacia de los Mossos. O directamente la incompetencia. Son un cuerpo de juguete.

En este caso, nada menos que en la Facultad de Derecho de la Universidad de Barcelona. El profesor Marcelo Gullo iba a dar una conferencia para presentar su último libro, Lepanto, organizada por S’ha Acabat. Al llegar había una decena de agentes en la entrada. Me dirigí al aula en cuestión para coger sitio y, cuando volví a salir, ya no estaban. Poco después llegaron los antisistema, con una pancarta y pegando gritos. Entraron sin problemas en el edificio. Parece que la Policía sólo puede intervenir tras recibir permiso del rector.

La conferencia duró una hora aproximadamente. No dejaron de boicotear el acto durante todo el rato. Incluso con lemas del estilo «pim pam pum, que no quede ni uno».

Veinte minutos después de haberse iniciado, intentaron entrar y entonces sí que irrumpieron los antidisturbios de la policía autonómica. Pero sólo para alejarlos un poco. Ni siquiera los desalojaron. Siguieron berreando a escasa distancia.

El secretario general de VOX, Ignacio Garriga, se refirió a esta dificultad para hacer política en la calle cuando un colega le preguntó durante la rueda de prensa posterior a la reunión del comité ejecutivo del partido. «Permanentemente nos lanzan piedras, nos lanzan huevos o no se mantiene la distancia pertinente para poder montar las carpas informativas, no sólo en Cataluña, sino en otros muchos puntos de España».

Luego, otro colega le preguntó sobre las declaraciones de Pablo Iglesias en las que justificaba las agresiones a un periodista. «No digo lo que pienso porque me cerrarían la cuenta o me cortarían el micrófono», respondió en este caso. «Pero no me sorprende porque es Pablo Iglesias, es Pedro Sánchez, la izquierda quien ha hecho de la violencia política su nueva estrategia», añadió. “No es sólo en Cataluña, es en muchos sitios donde llaman a salir a la calle y combatir con violencia a los únicos que ofrecemos una alternativa política», insistió.

No quiero ponerme pesimista, pero yo ya les conté en un artículo anterior hace apenas un mes (Guerracivilismo del PSOE) que el nivel de polarización política alcanzado recuerda a los meses previos a la Guerra Civil. Aunque, felizmente, la situación es distinta. Ahora, como antes, todos los que no se alinean con la mayoría gubernamental son tachados de manera automática de «fascistas».

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