Hay algo en Alberto Núñez Feijoo que, de entrada, me inspira desconfianza. Si quería tomar las riendas del Partido Popular, ¿por qué no lo hizo en el 2018 tras la salida de Rajoy? Era el candidato mejor situado. Incluso era gallego.
No soy pepeólogo, experto en el PP. Como aquellos expertos de la Guerra Fría a los que se les llamaba kremlinólogos. Periodistas o académicos que intentaban escudriñar las relaciones de poder en la cúpula soviética según la posición de sus dirigentes en la tribuna de autoridades durante el desfile del 1 de mayo en la Plaza Roja de Moscú.
Algunos dicen que fue por Soraya, para no verse involucrado en las peleas internas del partido o simplemente porque gozaba de mayoría absoluta. El oasis gallego. La última fue en el 2020. Pero la política son cinco cosas: liderazgo, equipo, estrategia, táctica y tempo. Este último es tomar la decisión en el momento adecuado. Es como la paella, que tiene un punto de cocción. Si no aciertas, se pasa el arroz. La verdad es que de haberlo hecho habrían ganado tiempo. El experimento de Pablo Casado duró casi cuatro años (julio 2018-abril 2022). Luego le tocó el turno a Feijoo.
Casado ganó porque, en la segunda vuelta, Cospedal hizo que sus seguidores se volcaran en él. La secretaria general del PP y Soraya Sáenz de Santamaría no podían ni verse. Luego pasó lo que pasó. Sin embargo, desde la moción de censura de Pedro Sánchez en mayo del 2018 llevan más de siete años perdidos. Sin olvidar que lo de la lucha contra la corrupción del PP era una excusa visto lo visto.
Es cierto que Núñez Feijoo combina momentos brillantes con otros más discretos. En «su» debate de investidura a mí me gustó. Pero, claro, eso no servía de nada. No le alcanzaban los números. Algunos dicen que sería mejor presidente que líder de la oposición. Pero para eso hay que ganar antes holgadamente. A veces también vende la piel del oso antes de cazarlo. Como le pasó en aquella fatídica última semana de la campaña electoral. No asistiendo, por ejemplo, al debate en TVE. Dejó solo a Abascal.
Tampoco me gusta la insistencia en pedir elecciones anticipadas que tienen los dirigentes del PP. Cuanto más lo pidan, peor para ellos. El PSOE debería caer como una fruta madura. Puro desgaste. No conozco a ningún líder político que haya convocado elecciones porque lo reclama el jefe de la oposición. Creo que el Partido Popular tiene otro problema añadido y es que piensa que VOX es un accidente, votos prestados. VOX ha venido para quedarse. En toda Europa han surgido fuerzas equivalentes porque los partidos de derecha clásica han pasado de puntillas sobre lo que realmente preocupa a los ciudadanos: la inmigración.
Ese es, sin duda, el punto débil. El PP no hablaba del asunto hasta ahora porque era el tema estrella de VOX. Mejor dicho: el PP no hablaba de inmigración porque entonces en La Moncloa los metían en el mismo saco que VOX. Pero entonces caían en la trampa y asumían el marco mental del Partido Socialista.
Ahora está modificando el rumbo. Ayer mismo Feijóo se fue a Barcelona para presentar el programa electoral en la materia. No en vano en Cataluña es uno de los sitios en los que más preocupa la cuestión. Pero no sé si está a tiempo y, sobre todo, no sé si es creíble.
Votaron a favor de aquella ILP para regularizar 500.000 u 700.000 inmigrantes —nadie sabe la cifra con certeza—, mientras que con los menas ahora se hacen el remolón, pero aceptaron el reparto. Siempre he considerado que habría que haberlos devuelto: tienen padres.
Entre mis dudas, y ya he dicho que no soy pepeólogo, está también por qué no pusieron a Ayuso cuando dimitió Casado. La respuesta más obvia es que no podían poner a un barón del partido —baronesa en este caso— que se había cargado precisamente al presidente de la formación.
En política el timing es importante. Desde entonces ha surgido la polémica con Hacienda de su pareja. No es la primera vez que pillan a alguien e intenta llegar a un pacto. Basta ver a futbolistas, actores o cantantes. Sin embargo, la reacción de la presidenta de la Comunidad de Madrid no ha estado a la altura. Yo habría convocado una rueda de prensa y habría cogido el toro por los cuernos.
Ahora han resucitado el tema del aborto. Creo que es también para intentar recuperar votos por la derecha. Pero el gran tema en las próximas elecciones no será éste ni Gaza ni la flotilla ni las pulseras. Será la inmigración.