«Ser es defenderse», RAMIRO DE MAEZTU
La Gaceta de la Iberosfera
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Iván Vélez (Cuenca, España, 1972). Arquitecto e investigador asociado de la Fundación Gustavo Bueno. Autor, entre otros, de los libros: Sobre la Leyenda Negra, El mito de Cortés, La conquista de México, Nuestro hombre en la CIA y Torquemada. El gran inquisidor. Además de publicar artículos en la prensa española y en revistas especializadas, ha participado en congresos de Filosofía e Historia.
Iván Vélez (Cuenca, España, 1972). Arquitecto e investigador asociado de la Fundación Gustavo Bueno. Autor, entre otros, de los libros: Sobre la Leyenda Negra, El mito de Cortés, La conquista de México, Nuestro hombre en la CIA y Torquemada. El gran inquisidor. Además de publicar artículos en la prensa española y en revistas especializadas, ha participado en congresos de Filosofía e Historia.

Pero si cuela…

5 de febrero de 2024

A principios de junio se celebrarán las elecciones europeas. Papanatismos, escepticismos y rechazos europeístas aparte, lo cierto es que los comicios tendrán un importante impacto en las políticas nacionales, pues las encuestas auguran un escoramiento fachosférico, o lo que es lo mismo, el cuestionamiento de muchos de los credos regulados desde Bruselas. Ante la urgencia del cambio, hay prisa en algunos sectores por dejar algunas cosas atadas y bien atadas. Temeroso de la merma de poder del bloque al que se adscribe el PSOE, la empresa con sede en Ferraz trabaja sin descanso para cumplir los compromisos acordados con los golpistas de Junts en un hotel belga. 

Así, según se ha sabido, el grupo de los socialistas europeos, presidido por Iratxe García, intentó colar en el Parlamento Europeo una enmienda para favorecer al prófugo Puigdemont. La maniobra, oculta bajo una pudorosa tachadura dentro de un email, trataba de otorgar impunidad a los malversadores regionales, pues ese, el de esa forma de corrupción, infinitamente menor que la que supone un golpe de Estado, es uno de los delitos que haría decaer la amnistía sanchista que con tanto ardor defienden sus propagandistas. El intento, propio de estudiantes pícaros, tiene, sin embargo, cierto sentido dentro de una Europa que se debate entre lo regional y lo nacional. Una Europa que opone a la solidez nacional húngara, las contradicciones de la unificada Alemania que, mientras acaricia la idea de las expulsiones masivas de inmigrantes ilegales, ve cómo en su seno cristaliza un partido que cabe calificar como quintacolumnista de Erdogan. 

A la espera de lo que pueda ocurrirle a los lazis, pero también al socialista Griñán, en actualizada aplicación del bíblico «no robarás», el doctor Sánchez se erige en susurrante juez y emite su sentencia —«todos los independentistas catalanes van a ser amnistiados porque no son terroristas»—, cuestionando así la lucha que, durante décadas, se libró contra el terrorismo callejero etarra. Tras el anuncio de una nueva remesa de 138 millones de euros en publicidad institucional que facilitarán la pedagogía sanchista, asistiremos a un nuevo retorcimiento terminológico. «Terrorismo» será lo que el PSOE determine que es terrorismo, así de simple. Si Arzallus llamó «chicos de la gasolina» a los borrokas, la factoría socialista de neologismos ya trabaja para dar un nombre amable a quienes incendiaron Cataluña, mientras los podemitas, herramienta de todo secesionismo hispano, señalan a jueces que, ¡oh, sorpresa!, defienden el Estado de Derecho que da sentido a su tarea.

Lo vivido la semana pasada no es más que una tregua, obviamente trampa, para la nación española. Una oportuna pausa que da espacio, en el propio Congreso, a la pugna entre los golpistas que han pasado por la cárcel, los de ERC, y los que parasitan y condicionan a España desde Bruselas. Tiempo muerto también para el PSOE que, pese a esas fotogénicas mandíbulas crispadas, no se inmuta ni pierde poder en el Estado que ha diseñado durante décadas, pues ni Page ni Sánchez, distintas caras de la misma moneda, perderán apoyos entre su electorado. Tal es la habilidad de un partido capaz de gestionar todos los cacicazgos patrios, con el que el PP se sienta en Bruselas para ser tutelado por un comisario.  

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