Por llamativa que sea la utilización política de la difunta señora Maricarmen, no podemos despistarnos mucho. Esto es una campaña de agit prop lanzada sin pararse en nada, ni siquiera en la fragilidad o vulnerabilidad de una mujer de 87 años a la que convirtieron, de la noche a la mañana, en centro de la vida pública española, reubicándola en el mismísimo ojo del huracán.
Hemos entrado en una fase sociata conocida. Nadie que viviera los días posteriores al 11M puede hacerse el sorprendido. No puede esperarse el más mínimo respeto a la lógica, la verdad, las formas o el decoro. Que Pedro Sánchez sea Pedro Sánchez siendo Pedro Sánchez es entendible, el drama es la cantidad de gente que ha ido con él demasiado lejos, a un punto del que no se puede ya regresar. Las operaciones de derrumbe institucional se escudan en lo «humanitario», que a su vez se expresa en forma de cursilería, ergo, la cursilería es bastante golpista. Estas barrabasadas necesitan un ejército de cursis pomposos, patéticos o flatulentos. Cuando vemos a alguien poniendo morritos en un selfie moral, es casi seguro que colabora al abordaje socialista.
Pero no nos despistemos. La Madre del Cordero está en la Ley de nietos. En la negativa a dar cumplimiento a la cautelar del Supremo. La abogacía del Estado dice que es imposible. La Junta Electoral ya no podría por la cercanía de las elecciones, lo que invita a pensar si no será esa precisamente la razón de la fecha elegida.
Si se incumple la medida cautelar del Supremo, el proceso electoral quedará tocado. Sorprenden aquí (o no, no sorprenden) las voces apaciguadoras que pretenden minimizar el escándalo de un gobierno que se fabrica votantes ilegalmente y desoye al Supremo cuando le han pillado.
Si desobedecen, abrirán la puerta a la posibilidad de una abierta confrontación. Porque hay dos opciones aquí: el seguidismo institucional convalidador del PP o la oposición real. Es una tarea generacional plantar cara por fin al PSOE.
Llegados a este punto, la duda es si el gobierno seguirá adelante con el voto de los nietos ful. Podría muy bien tensar la cuerda, usar la polémica para calentar a la gente, movilizarla y que aflore como por convección; aplicar calor a la campaña para que del ultimísimo fondo suban los votantes, si los hubiere. Quien ha pactado con ETA, puesto el culo a los golpistas y entregado Ceuta, no dudará en jugar sucio una campaña más. Los socios del PSOE y el mismo PSOE históricamente tienen experiencia en condicionar elecciones. Sánchez no es un PSOE malo y díscolo, sino el PSOE químicamente puro.
Frente al ideal de una España selecta que se abriera a lo mejor del mundo, el PSOE es lo contrario, la reunión de vicios españoles, un garbancerismo español leninizado, puesto en comunicación o al servicio de lo peor del exterior. El PSOE es una estructura de medro, de expediente sucísimo, que opera como un broker que comunica y comisiona el aciago comercio de lo peor de España con lo peorcito del extranjero.