La UCO registra Ferraz y Pedro Sánchez está reunido con León XIV en Roma. Un rato después, a la hora del Ángelus, la Guardia Civil que cerca la sede socialista llega hasta la suya propia, porque al parecer hay tricornios dedicados, como Leire Díez, a la obstrucción a la Justicia. Agentes que amenazan a otros por investigar a don PSOE. Veremos quién es la X en la Benemérita, porque en Ferraz todos saben quién es el one, el puto amo.
En ese instante la historia pasa ante nuestros ojos. Un jubilado sale al rescate de la causa. Irrumpe frente a las cámaras que hacen guardia sobre los luceros de Ferraz y muestra su carnet… ¡de recién afiliado! Empecinado, como uno de los últimos de Filipinas que combate cuando España se había rendido, este hombre no acepta la realidad. Alguien quiere destruir al PSOE y no lo va a permitir.
Su salto desde el sofá a la sede socialista confirma un fenotipo conocido, summum del socialismo patrio, que lleva décadas moldeándose al calor de la tele pública y la propaganda más obscena. Gabilondo, Barceló, Milá, Cebrián… es el Grupo Prisa state of mind. La gente se pregunta cómo es posible que sigan teniendo ocho millones de votos. He aquí la respuesta. A veces vemos a esas personas mostrar una ira desatada, irracional, cuando un reportero les acerca un micrófono y pregunta por la corrupción socialista. Es todo mentira, repiten con el fervor inquebrantable de la militancia, una fe ciega como de juventudes hitlerianas que sostienen el fusil una semana después del último suspiro del Führer entre los escombros berlineses.
En realidad esa pobre gente es víctima de todo un ecosistema en el que hay mucha gente en el ajo. Fuerzas mayores que sostienen al PSOE. El Consejo de Ministros aprueba la ley de la inteligencia artificial justo cuando el Papa publica la encíclica sobre la IA. La ley llevaba un año metida en un cajón y de pronto ve la luz. Esta sinergia Ferraz-Vaticano, cortesía de la Conferencia Episcopal, no es nueva, pues Bolaños firmó con el arzobispo Cobo —cuánto tiene que callar— el acuerdo para profanar la Basílica del Valle de los Caídos.
Es un hecho que solivianta a los más papistas que el Papa, pero es la verdad. Cuando la corrupción asfixia al Gobierno la jerarquía eclesiástica sale al rescate. Sánchez abandona el Vaticano y presume de compartir ideas con León XIV, al que ahora llaman Santo Padre en las tertulias. Tomen nota ambas parroquias: poner los derechos de las personas en el centro ante los cambios tecnológicos, una visión humanista de las migraciones y defender la paz y el multilateralismo para responder a los retos globales. Y mucho sentido común para el bien común. El presidente que profana tumbas en el interior de un templo y posa con calaveras recibirá al Papa «para seguir construyendo un mundo más justo y próspero».
Sabemos que Sánchez es capaz de todo, no sólo de utilizar al Santo Padre para sus propios intereses, sino de erigirse él mismo en Papa, que algo así ha hecho con la monarquía. Pero no conviene hacernos trampas ni fingir poses farisaicas. La Conferencia Episcopal es uno de los sostenes del bipartidismo, el mayor balón de oxígeno del Gobierno en su peor momento. Sánchez será el jefe de la mafia, pero no tiene una foto con un narco, y se refugia en las sotanas porque sabe lo mucho que les importa la santísima X en la casilla de la declaración de la renta.
Lo más grave que ha hecho el Gobierno en la vigente legislatura es aprobar la regularización masiva de inmigrantes y la Iglesia ha bendecido la invasión. Hace unas semanas monseñor Argüello justificó que el Estado diga ‘ven’ mientras otros dicen ‘sal’ porque vivimos un invierno demográfico (¿quién lo habrá provocado?).
Mueren más personas de las que nacen y la respuesta es que necesitamos mano de obra masiva, el mismo argumento de la patronal. El portavoz episcopal también tiró de las orejas a quienes echan mano del refrán castellano que dice que la caridad bien entendida empieza por nuestra casa, que el pan de los hijos no se toca. No hay un solo padre en el mundo que anteponga los hijos de otros a los suyos, pero si le llamamos prioridad nacional entonces nos arrojan encíclicas a la cabeza.
Leemos que el Gobierno dará beneficios fiscales a las empresas que pagan la visita del Papa. Recordemos todo esto cuando en las ondas episcopales repitan que a Sánchez le da oxígeno la ultraderecha.