Si un hombre mata a una mujer es machismo. Si un hombre mata a una mujer mientras dice «Alá es grande» no es nada. A lo sumo, «algún tipo de brote», como dijo la consejera de Interior de Cataluña.
Esas personas que proliferan ahora y dividen el mundo en luchas religiosas no han salido a gritar; «¡Matan cristianos! ¡Los islamistas matan cristianos! ¿Qué tiene que decir fulano al respecto?».
A un asesinato a cuchilladas por Alá no hay nombre que ponerle, no hay ismo.
¿Y si lo unimos con el hecho de que hubiera en Cataluña, en varios incidentes, varios heridos y dos muertos por acuchillamiento (a ganivetades), a los que hay que sumar un tercero de factura colombiana ayer en Valencia?
¿Hay un ismo para eso o alguna palabra para la violencia de quienes vienen a mejorar nuestro PIB o a hacer los trabajos que ni siquiera usted haría?
Alguien sin duda genial habló de una «percepción eventual de inseguridad», que no debe de ser mucha si en TV3 dedicaron apenas segundos al asesinato de Esplugas mientras se demoraban con la nueva Flutilla a Gaza y en Madrid hacían otro editorial único de silencio. Consultadas las ediciones de El País, El Mundo y Abc, este plumilla no pudo encontrar una sola referencia al sucedido ni el domingo ni el lunes. Si la hubo, fue lo suficientemente pequeña para que alguien con principio de vista cansada no pudiera advertirla.
En las webs hay alguna ligera concesión al clic, pero en las páginas nobles, donde están los púlpitos del humanismo cristiano, el demoliberalismo y la sociedad abierta, ni palabra; como corresponde a la mejor homologación con el entorno, pues, conviene recordar, las violaciones de cientos de alemanas la Nochevieja de 2015 y las bandas de explotación sexual del Reino Unido fueron silenciadas durante años por los medios de comunicación.
La negación y el ocultamiento son parte del proceso. Hay que negarlo todo hasta que sea inevitable explicarlo. Ayer alguien del PP escribió: «Como llevamos tiempo advirtiendo…». El que de verdad advirtió, Samuel Vázquez, anticipó algo peor: que esto sería solo el principio.
En Francia fueron capaces de encontrar una palabra para el hecho de que salgas a la calle y te hagan tartar o que se multipliquen las probabilidades de que violen a tu hija o que te apalicen por no tener segarro o incluso por tenerlo. Lo llamaron ensauvagement, algo así como asalvajamiento, salvajismo, Una barbarie que negarán quienes la importaron y, aun más, quienes aplaudían pomposamente que se hiciera. La palabra es útil para no normalizar ese tipo de violencia. Porque es el siguiente paso: naturalizar lo bárbaro ajeno extraordinario.