«Ser es defenderse», RAMIRO DE MAEZTU
Enrique García-Máiquez (Murcia, pero Puerto de Santa María, 1969). Poeta, columnista y ensayista. Sus últimos libros son 'Verbigracia', (2022) poesía completa hasta la fecha; y 'Gracia de Cristo' (2023), un ensayo sobre el sentido del humor de Jesús en los Evangelios

Biografía

Enrique García-Máiquez (Murcia, pero Puerto de Santa María, 1969). Poeta, columnista y ensayista. Sus últimos libros son 'Verbigracia', (2022) poesía completa hasta la fecha; y 'Gracia de Cristo' (2023), un ensayo sobre el sentido del humor de Jesús en los Evangelios

Sillonófobos y otras fobias

7 de junio de 2023

Querer marcar el rumbo de los pactos puede ser la hybris del columnista, y yo he caído. Estoy tentando la suerte. Quiero regresar corriendo a la inmensa humildad que me caracteriza y escribir artículos pequeños y prudentes, ceñidos a mis especialidades, esto es, al sentido común y al lenguaje usado con cierto cuidado. Quizá paradójicamente contribuya más a que los pactos cuajen que haciendo análisis de gran angular.

Tenemos que cortar por lo sano tanto bullying a los sillones. Roza la sillonofobia. ¿Qué hacen los políticos acusándose unos a otros (sobre todo los unos a los otros) de sólo querer sillones? Eso da por sentado –precisamente– que el sillón es un puesto de privilegio, una sinecura, un chollo. Digo yo que un puesto de responsabilidad política no será una hamaca ni una poltrona. Los cargos son cargas. Hay mucho que trabajar y mucho que asumir. El político que habla despectivamente de los sillones –desde uno– ¿está confesando que él se metió en política para la bicoca?

En vez de hablar de sillones, convendría, puestos a tirar de metáforas, hablar de pico y pala o de arremangarse o de doblar el lomo. Yo creo que sería más exacto, pero, sin lugar a duda, sería mucho más respetuoso con los que con nuestros impuestos pagamos los sueldos y, por tanto, los sillones.

Otra cosa que da alipori son los consejos de voz meliflua al rival. Pedro Sánchez explicándole a Feijóo que no le conviene pactar con Vox. O los del PP contándole a los de Vox que, si no quieren acabar como los de Podemos, lo mejor que pueden hacer es no entrar en los gobiernos autonómicos y regalarles sus votos. Si yo no fuese tan leído, me recordaría al chiste aquel del pueblo en que se escapó un toro bravo y el cojo les iba gritando los demás: «No corráis que es peor, no corráis que es peor…». Como he leído a Esopo seré menos celtíbero y recordaré la fábula de la zorra y las uvas. Decirle a los de Vox que sus votos no hacen falta o que ellos no están maduros, cuando en el PP se mueren por alcanzarlos, no es muy adulto.

Advertía Adenauer que en política «hay tres tipos de enemigos: los enemigos a secas, los enemigos mortales y los compañeros de partido». Vivía en tiempos más pacíficos. Todavía hay dos escalones más hondos en la enemistad. Tras los compañeros de partido, vienen los socios de una coalición y, finalmente, los únicos posibles socios en una imprescindible coalición que se quisiera evitar a toda costa. Resulta realmente raro que esos socios forzosos te digan qué te conviene para seguir creciendo como partido y que te vaya de maravilla en las siguientes elecciones. Ya, ya.

Por último, los de la cuenta María. Ésos que quieren obviar el apoyo necesario para formar gobierno si no necesitan muchísimos escaños. Como estamos en época de exámenes finales, me recuerdan a los alumnos que preguntan si con un 4,5 no están más o menos aprobados. Vale. Y entonces vienen los del 4. Y entonces llegan los del 3,75. Y así. Lo serio es mantener el álgebra en su sitio. Donde un partido ha sacado mayoría absoluta, puede gobernar con su absoluta. Donde no la ha sacado, le haya faltado mucho o poco, no puede gobernar como si nada. Primero, porque no tiene mayoría absoluta. Segundo, porque es una falta de respeto a la expresión de la voluntad popular. Y tercero, porque se transmite un mensaje de falta de precisión y profesionalidad, de irresponsabilidad aproximativa, de aquí da lo mismo Juana que su hermana, que no es nada ejemplar para la sociedad civil ni para los más jóvenes.

Si nos dejamos de sillonofobia, si guardamos los consejos para los que queramos bien y si respetamos unas matemáticas elementales, me daría con un canto en los dientes. Dejaría la hybris.

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