«Su control digital, gracias»
«Su control digital, gracias»
Por Esperanza Ruiz
28 de julio de 2026

El 14 de julio de 2026, Francia caía en semifinales del Mundial de fútbol contra España por dos goles. Ese mismo día conocimos la sentencia de la Audiencia Provincial de Badajoz que condenaba a David Sánchez Pérez-Castejón a nueve años de inhabilitación por prevaricación. Pedro Sánchez se encontraba en París, asistiendo como invitado al desfile militar en los Campos Elíseos con el que se conmemora la Toma de la Bastilla. El 14 de julio de 2026 se celebraba la Fiesta Nacional de Francia bajo el signo del código QR.

La lista de asistentes «globish», más bruselense que francesa y con Ucrania como invitada de honor, determinó el carácter de la celebración. Sánchez y Zelenski festejaban junto a Macron, Starmer, Merz, Rutte y Von der Leyen el 237º aniversario de la mitología revolucionaria del 14 de julio. Un episodio que consistió en liberar a siete tíos —dos de ellos dementes— de una prisión real defendida por ochenta inválidos de guerra, y practicar el arte charcutero con el gobernador de la fortaleza.

Es comprensible que algunos liberales se den mus en cuanto se menciona la Revolución francesa. Son los de la escuela de Chimo Bayo: exta-sí (Revolución americana), exta-no (Revolución francesa). De la misma manera que debemos creer que existe un PSOE bueno, no sería de extrañar que también existiera una masonería buena.

Pero, en fin, no venía hoy a hablar de esto, sino de otras derivas «liberales» que están convirtiendo nuestras democracias en satrapías avanzadas. Con la diferencia de que, al menos, las satrapías y autocracias eligen con cuidado a sus socios y miran por sus propias esferas de influencia e intereses. 

Pedro Sánchez debería tomar nota de la maravilla del código QR macronita. ¿No quieren ser abucheados el 12 de octubre o el 14 de julio? Pongan en marcha un sistema por el que el sufrido ciudadano deba solicitar una invitación al organismo estatal de turno. Éste le concederá gustoso un código QR después de comprobar que no es usted, por ejemplo, un periodista crítico con el Presidente. A Didier Maïsto, participante en medios como Tocsin y TV Libertés, casualmente, se le denegó el pase digital que permitía el acceso al desfile. Sufrió esta medida —bendecida por el Consejo de Estado de madrugada— en aras de la preservación de la seguridad o del respeto del aforo. Emmanuel Macron, el «último moderado» como le ha llamado el ABC en alguna ocasión, está echando carita de ex oficial de la KGB. 

La idea de la implantación de pequeños controles digitales «por nuestro bien» no es sólo cosa del síndico francés de la destrucción. Su homólogo, Sánchez, también anda detrás de impulsar una ley que prohíba el acceso a redes a menores de quince años. Pero el presidente de la République se le ha vuelto a adelantar. Macron explica —con gafas de dictador centroamericano— que «el cerebro y las emociones de nuestros jóvenes no se venden ni a las plataformas americanas ni a los algoritmos chinos». Un vídeo corto oficial del Gobierno anuncia que, en consecuencia, todos los usuarios deberán verificar su edad.

La preocupación sincera por la infancia en «Pedolandia», así llamaba Epstein a la Galia, está alineada con la de la Unión Europea. Siempre que no se trate del aborto o de delitos cometidos contra menores por los nuevos europeos. Pocos días antes de la Fiesta Nacional gabacha, el Parlamento Europeo votó la prórroga de Chat Control 1.0, mientras se negocia la propuesta de Chat Control 2.0, para establecer un marco permanente de lucha contra el abuso sexual infantil en línea. Su aprobación podría implicar el escaneo de comunicaciones privadas. Por lo que sea, el dispositivo legal correspondiente para combatir la pedocriminalidad no ha sido desarrollado de manera paralela. En materia liberticida y de vulneración del derecho a la privacidad, ni siquiera algunos regímenes totalitarios se atrevieron a tanto.

Macron deberá abandonar el palacio presidencial en unos meses debido a que ha alcanzado el límite constitucional de los dos mandatos consecutivos. Sospechosamente, no se ha pronunciado sobre su salida como manda la tradición. Parece que la lucecita del Elíseo no quisiera irse. Se habla de que espera la guerra. En cualquier caso, lo que ya tiene lista es una comisión «independiente» creada por decreto para combatir la «injerencia extranjera» en las elecciones del próximo año. 

El control, digital y de la información, se postulan como los nuevos fetiches de nuestra clase política.

Por lo demás, Europa y Francia van fenomenal. Todavía quedan «villages fleuris» y calles cuidadas en algún rincón del Hexágono. 

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