Llaman blackpilear, tomar la píldora negra, al pesimismo y la desmoralización. Sucede mucho con Trump en su segundo mandato. Incluso quienes siguen mirándolo con simpatía, al comentar la situación no pueden decir nada bueno.
Todo es pesimismo, rematado por Irán, el triunfo incontrastable de los ayatolas, el precio de la gasolina, y la próxima debacle en las midterm…
Pero no se está contando todo. Hace unas horas, por ejemplo, Trump anunció un acuerdo para la construcción de una planta siderúrgica en Iowa; acero, miles de puestos de trabajo; una inversión de 15.000 millones de una empresa de origen indio. El primer efecto de los aranceles fue subir los precios, ahora llegan otros.
El objetivo era devolver a Estados Unidos la producción manufacturera. Volver a producir cosas, sobre todo de cierta importancia. Esto rehabilita la figura del obrero, blue collar en el centro del país.
Aumenta la construcción no residencial. No solo centros de datos, también fábricas. Esto exige inversión, capital, confianza, y está unido al incremento de inversiones exteriores en Estados Unidos. Esa persona que usted oye criticar a Trump pone su dinero en productos financieros estadounidenses.
Y lo financiero lleva esta vez a lo material. Son ocho meses de crecimiento en el sector manufacturero, con aumento de empleos y salarios, mientras reduce en más de 330.000 el número de burócratas federales.
A pesar de la inflación, el salario real del trabajador aumenta, y lo hace más en los percentiles bajos que en los altos. En la construcción sube un 5%. Crece la riqueza de las familias y la tasa de pobreza se sitúa en mínimos históricos. Cosas que empezaban a verse en el primer Trump antes del Covid.
Hay una sensación de derrota, sin embargo, una crítica constante que olvida cosas innegables. Trump ha cumplido con la cláusula principal de su contrato electoral: cerró la frontera, y millones de ilegales se han ido por propia voluntad o están siendo deportados. El último año hubo una inmigración neta negativa. Y bajando la inmigración, el país crece. No es un crecimiento a la española.
En un año, pasaron de ver cómo entraban millones de ilegales sin control a registrar un descenso de la población extranjera. Se pretende ahora regular con mayor cuidado la inmigración legal, que las visas profesionales no sean una forma de competencial salarial a la baja con el nativo. La inmigración legal desde países musulmanes ya fue reducida casi al 100%.
Los logros de Trump en seguridad están en consonancia. En 2025 hubo una disminución de violaciones de un 7,6%; 18,5% en robos; homicidios en 18%, 23% en el primer semestre de 2026…
Es solo una muestra. Ha acabado con las políticas de discriminación inclusiva (DEI) y desde Groenlandia a Argentina, ha cerrado el paso en su continente a China y Rusia.
Para año y medio no está mal. Por eso, el antitrumpismo tiene puestas sus últimas o penúltimas esperanzas en el precio del petróleo. O sea, en la guardia revolucionaria iraní.