«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
La Gaceta de la Iberosfera
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Barcelona 1959. Escritor y periodista. Su último libro publicado es “PSC: Historia de una traición” (Deusto, 2020). Premio Ciutat de Barcelona año 2000 en Radio y Televisión.
Barcelona 1959. Escritor y periodista. Su último libro publicado es “PSC: Historia de una traición” (Deusto, 2020). Premio Ciutat de Barcelona año 2000 en Radio y Televisión.

Vindicación del Bushido en España

6 de septiembre de 2023

Como muchos saben, el Bushido es el código moral que practicaban los antiguos samuráis en ese Japón con miles de años, algunos mitológicos, como dijo Borges. Era una norma fundamentada en el giri, el honor, la fidelidad, la lealtad. Uno se pregunta si no sería óptimo que nuestros políticos adoptasen, ya no el Bushido, sino el giri, ese deber, esa obligación, esa gratitud que los japoneses deben mostrar ante los demás. Sería hermoso ver siquiera a uno de nuestros dirigentes practicarlo. Entiendo que exigirles a nuestros dirigentes el nivel de abnegación que muestra la leyenda de los Cuarenta y Siete Ronin, la de los samuráis que rumiaron durante años su venganza contra el miserable que traiciona a su señor es poco menos que imposible. Y ya ni les digo que ejecutasen limpia y ordenadamente el Seppuku, el suicidio ritual, una vez cumplida la sagrada misión de vengar a su señor. En un país en el que se puede no dimitir a pesar de haber sido condenado o chantajear a un gobierno siendo prófugo de la Justicia demandar tales cosas es una gollería.

Pero no por ello debemos dejar de admirar lo que de noble y elevada tiene esa moralidad comparada con la nuestra, la pública, la de ahora, si es que podemos calificarla como tal. Porque todo se ha vuelto del revés y al inmoral se le premia y se le aplaude mientras que al honrado y leal se le desprecia cuando no se hace mofa de él. Es evidente que España tuvo, históricamente hablando, ejemplos de gentes de honor capaces de desafiar incluso a reyes, como Don Rodrigo Díaz de Vivar, lo más parecido a un samurái que tenemos. Gente capaz de afrontar lo que fuera con tal de cumplir con su deber, con los demás, con el juramento hecho, con la palabra dada. Me viene a la memora mi abuelo materno, Pedro, que se iba a un campo y compraba la futura cosecha dándose la mano con el payés sin mediar ni un solo papel. Cuando era el momento, mi abuelo iba a recogerla, pagaba, la cargaba en el carro que él mismo conducía y volvía para venderla en el antiguo mercado de El Born dormitando en el pescante porque su caballo, el Noble, se sabía de memoria el camino. Mi abuelo, como mi padre, como mi tío, como tantos que nos precedieron, eran samuráis sin saberlo porque antes morirse de hambre que dejar a deber una peseta. Eran gente de bien, cumplidora, capaces del sacrificio personal porque tenían unos valores que, como vemos, son universales y adaptables a cualquier cultura. Al igual que todo ser humano tiene una natural inclinación hacia Dios, hacia la trascendencia si ustedes lo prefieren, también existe esa tendencia a hacer lo correcto. Pero para que eso cunda es preciso que quienes están más arriba prediquen con el ejemplo. ¿Y cuántos políticos de los que nos gobiernan ven ustedes capaces de obrar generosamente, con sentido del honor y de la fidelidad? Los hay, claro, pero no crean que sean muchos, porque el encanallecimiento de la vida pública es contagioso y resistirse al mismo es casi heroico.

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