La cumbre de París convocada por Macron para reaccionar ante la nueva política de los Estados Unidos ha sido un fracaso. Anunciado. Ni hablar de mandar tropas europeas. Como mucho, ya más adelante pagar un poco más para aumentar el gasto de Defensa. Lo siento por el pueblo ucraniano que se ha sacrificado en esta guerra hasta extremos heroicos y que se teme abandonado por los Estados Unidos y apoyado solemnemente de ridícula boquilla por una Europa incapaz de tener una política independiente de Defensa. La cara dura de nuestros políticos autóctonos, que se ponían la medalla de apoyar el Derecho Internacional, pero dejando que el gasto fuese de los Estados Unidos, nos hace entender la postura de Trump, cansado de hacer el primo —aunque fuese el de Zumosol— de una Europa que lo exprime para adornarse después como la potencia que no es, ni siquiera en lo moral.
Sin olvidarme del sentimiento de los ucranianos, he celebrado que se ponga a Europa ante el espejo de su propio postureo y que esto nos lleve a preocuparnos por nuestra operatividad militar. No se puede dejar la defensa de nuestra nación en manos de otros estados, por muy aliados que sean, pues basta un cambio electoral, como hemos visto, para que de aliados pasen a alienados y vuelen alados a otras latitudes. Nuestra soberanía y nuestra integridad territorial deben descansar sobre nuestros hombros.
Hasta ahí estaba yo conforme con la tesitura en la que nos dejaba Trump, hasta que alguien ha recordado la cuestión esencial, según Josep Pla: «¿Y esto quién lo paga?» He temblado. Tanto Podemos como Sumar como los nacionalistas han avisado de que lo suyo del presupuesto no se toca para subir el gasto en Defensa. Tiene toda la pinta de que querrán dar otra vuelta de tuerca a nuestros bolsillos para buscar nuevos impuestos con los que financiar un gasto militar que se antoja cada vez más indispensable, pero que no querrán sustraer de los abultados o hinchados gastos políticos e ideológicos del Gobierno.
Nuestros sectores productivos, los autónomos, el campo y la industria, los hogares, ¿pueden permitirse más presión fiscal? Todo parece indicar que hace tiempo que se pasó el límite de una tributación compatible con el crecimiento económico y con la libertad real de los ciudadanos.
En buena lógica, que no es la de Pedro Sánchez, sólo queda la solución de detraer dinero público de las políticas woke, de la financiación de los partidos, de la extravagante ayuda exterior y de los servicios de propaganda y de las televisiones públicas para invertirlo en donde no queda más remedio: la defensa. Lo que nos lleva a admirar más la propuesta muniquesa de JD Vance. Europa no puede arreglar su destartalada defensa sin acometer en paralelo un cambio cultural y político de enormes dimensiones. O ambas cosas a la vez, o es económicamente inviable.
Además de moralmente inasumible, porque para que nuestros países se hagan cargo de su Defensa urge también que se vuelvan a valorar el patriotismo, la lealtad, la familia, la ciudadanía en un sentido griego. Como nos recordaba Chesterton, nadie lucha bien si no lo hace por amor a lo valioso y amado que dejó en la retaguardia.
Como era de esperar, Pedro Sánchez no lo entiende o no lo asume o ninguna de las dos cosas. Ahora quiere mancomunar los créditos en Europa para conseguir más dinero de donde sea, sin tocar ni lo suyo ni lo de Podemos ni lo de Sumar ni de lo de Junts ni lo de Rufián ni lo de los sindicatos ni lo de las comunidades autónomas… Mancomunar créditos, llorar porque USA ya no paga, aumentar la deuda pública, comprar gas a Rusia de extranjis, hacer magníficas declaraciones de apoyo vacuo a Zelenski, mandar dinero a espuertas a Marruecos y despreocuparse de nuestras Fuerzas Armadas. Y él tan contento. Cuando Vance dijo que teníamos el enemigo dentro, daban ganas de gritarle: «¡A nosotros nos lo vas a contar…!».