El sacerdote Patricio Alfredo Sánchez Molinari, de 52 años, murió el pasado sábado 17 de octubre al desprenderse una gran cruz de madera del muro detrás del altar y golpearle la cabeza mientras oficiaba misa en la parroquia de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, en Guayaquil (Ecuador).
La celebración se estaba retransmitiendo por Facebook; en el momento de las preces o la Eucaristía, la cruz con el Cristo se desprendió de la pared y cayó hacia delante sobre él. El impacto fue en la cabeza y, según varios medios, la muerte fue inmediata o casi inmediata a pesar de que los fieles presentes intentaron auxiliarlo.
La Arquidiócesis de Guayaquil confirmó su fallecimiento y expresó su dolor; Sánchez Molinari era redentorista (CSsR) y párroco de esa iglesia, en la Vicaría Centro del país.
La policía ecuatoriana investiga por qué se soltó la cruz: se examina si la pared estaba deteriorada o si la cruz no estaba correctamente anclada. La Arquidiócesis, en su comunicado inicial, no precisó las circunstancias del accidente.
El suceso causó una fuerte conmoción en la comunidad católica ecuatoriana. El domingo se celebró una misa funeral presidida por el obispo auxiliar de Guayaquil, monseñor John Kwamevi Cudjoe; feligreses recordaron al sacerdote con la frase «Vivió haciendo el bien y murió entregando todo». Además, había celebrado el día anterior los 15 años de vida sacerdotal.
Muchos fieles han destacado que precisamente durante su última homilía, unos instantes antes de sufrir el terrible impacto de la cruz, el sacerdote había hablado sobre la certeza de que «todos vamos a morir algún día«, invitando a los católicos a hacer de su vida un testimonio de fidelidad y servicio a Cristo.