«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
Alerta sobre un «totalitarismo de género» y reclama recuperar las raíces cristianas

El cardenal Gerhard Müller, prefecto emérito de la Congregación para la Doctrina de la Fe, denuncia el riesgo de una Europa sin raíces cristianas

Cardenal Gerhard Müller. Europa Press

El cardenal alemán Gerhard Müller, prefecto emérito de la Congregación para la Doctrina de la Fe, lanzó una severa advertencia sobre el futuro de Europa, al asegurar que el continente corre el riesgo de perder su identidad e incluso su viabilidad histórica si continúa alejándose de las raíces cristianas que dieron origen a su civilización, avanza Infovaticana.

La intervención tuvo lugar el pasado 17 de junio en la Cámara de Diputados de Italia, durante la conferencia «Eurogender Diktat: Christian Roots, Religious & Educational Freedom at Risk in the EU» («La dictadura del eurogénero: raíces cristianas y libertad religiosa y educativa en peligro en la UE»), organizada por la asociación católica I RadicaTi dal diritto naturale alla legge y promovida por el diputado Massimo Milani, miembro de Fratelli d’Italia, el partido de la primera ministra Giorgia Meloni.

El encuentro abordó el impacto de diversas políticas impulsadas desde las instituciones comunitarias en materias como la familia, la educación, la libertad religiosa y la libertad de expresión. Los organizadores sostuvieron que determinadas iniciativas promovidas desde Bruselas bajo la bandera de la no discriminación están favoreciendo una creciente imposición ideológica en cuestiones relacionadas con el género, la sexualidad y la concepción de la persona.

Durante su intervención, Müller defendió que Europa nació del cristianismo y recordó que los padres fundadores del proyecto europeo, como Robert Schuman, Alcide De Gasperi o Konrad Adenauer, concibieron la integración continental como algo más que una estructura económica o administrativa.

«Sobre este fundamento se sostiene hoy la Unión Europea», afirmó el cardenal, quien aseguró que conceptos como la dignidad humana, la libertad de conciencia, la igualdad ante la ley o los derechos fundamentales se desarrollaron en el marco de la tradición cristiana europea.

En este sentido, advirtió de que una Europa desvinculada del Evangelio podría «entregarse suicidamente a su propia caída». A su juicio, la actual crisis cultural europea se manifiesta especialmente en el debilitamiento de la familia y en el cuestionamiento de la identidad humana.

Müller señaló que la expansión de la ideología de género y determinadas corrientes transhumanistas están impulsando una revisión de las bases antropológicas tradicionales. Asimismo, denunció lo que calificó como un «totalitarismo de género» promovido desde algunas instituciones europeas y alertó sobre posibles restricciones a la libertad de pensamiento y de educación.

Uno de los conceptos centrales de su discurso fue el de «despotismo suave», expresión tomada del pensador francés Alexis de Tocqueville. Según explicó, las democracias occidentales ya no limitan las libertades principalmente mediante la coerción directa, sino a través de regulaciones administrativas, estructuras burocráticas y mecanismos de presión cultural que favorecen la uniformidad ideológica.

El cardenal también mostró su preocupación por determinadas normativas europeas vinculadas al control de contenidos digitales y a la lucha contra la desinformación. «Los gobiernos no deben atribuirse la facultad de determinar qué es verdadero y qué es falso», sostuvo.

En otro momento de su intervención, criticó la influencia de organismos internacionales y élites globales a las que atribuyó la promoción de una visión tecnocrática y secularizada de la sociedad. Según afirmó, Europa corre el riesgo de convertirse en «un campo de experimentación para la ideología woke atea», donde la religión queda progresivamente relegada al ámbito privado.

Müller se refirió igualmente a la crisis demográfica, a las consecuencias de determinadas políticas migratorias y a los desafíos de integración social que, en su opinión, afrontan numerosos países europeos.

La inteligencia artificial ocupó también parte de su reflexión. Apoyándose en planteamientos desarrollados por Benedicto XVI y por León XIV sobre la relación entre fe, razón y tecnología, defendió que el progreso tecnológico debe permanecer sometido a criterios éticos y al respeto de la dignidad humana.

«No debemos convertirnos en perros de los amos de la inteligencia artificial», afirmó.

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